Revista Cítrica

YPF, una escuela


15 de diciembre de 2013

Fabiana Solano

La privatización de la empresa, durante la década del 90, dejó a sus trabajadores como principales víctimas. Sus historias quedaron escondidas en los rincones de las comarcas petroleras.

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El 29 de octubre de 1918 se descubrieron los primeros ya- cimientos de petróleo de Neu- quén. Sobre la loma del “Pozo No 1” surgió la localidad de Plaza Huin- cul, y poco después el aglomerado ur- bano que vio nacer a YPF en 1922. En los márgenes, los asentamientos ilega- les por la imposibilidad de dar aloja- miento en los campamentos a quienes llegaban atraídos por la oferta laboral, dieron origen a Cutral Có. La oficina de la agrupación “13 de Diciembre” conformada por ex traba- jadores de YPF en el 2000, está ubicada frente a la histórica destilería, en dia- gonal a las viejas oficinas administrativas de YPF, y a unos quinientos metros del Pozo No 1. Ellos como otros miles de “Ypefianos” personifican sus dos caras: por un lado los años dorados en los cuales la petrolera era la “vaca le- chera” de la argentina, y el futuro era alentador; y por otro el abandono, la pobreza, y la culpa por no poder ofrecer a sus hijos las mismas posibilida- des que ellos tuvieron.


Humberto López y Miguel Mont ingresaron en YPF en 1973 y traba- jaron más de veinte años antes de la privatización. Humberto (62) comenzó a los veintitrés como operario de perforaciones y pronto llegó a ser Segundo Jefe de zona en Sierra Barrosa. Con su esposa compraron una casa en Plaza Huincul, Barrio central del campamento de YPF, donde criaron a sus cinco hijos, aunque Humberto pasaba allí solo cuatro días al mes. “Nuestro régimen era de doce días de trabajo por dos de descanso, así que tampoco teníamos la seguridad de que los hijos eran todos nuestros”, bromea.
López sufrió un accidente, mone- da corriente en la actividad, pero no dejó de trabajar: “Un día estaba en el gancho de un equipo de perforación a veintiocho metros de profundidad, y una guía de aparejo me apretó la mano y cortó tres dedos. No me quise retirar porque era mi YPF”.


Cuando se dictó la Ley de Reforma del Estado en 1989 y Carlos Menem asumió la presidencia, comenzaron a entreverse los primeros indicios de la privatización. ”Abandonaban los pozos sin razón, porque estaban preparando el terreno para regalárselo a otro”, afirma Humberto. Por solo dos mil millones de dólares YPF cedió a otras empresas yacimientos que representaban la mitad de su producción, vendió tres refinerías, flotas de barcos y aérea, cincuenta y dos equipos de perforación, oleoductos, boyas marítimas y puertos.


En 1995 los despedidos llegaban a treinta mil y Humberto por su discapacidad debió jubilarse. “La plata no nos alcanzaba, así que con la familia vendíamos verdura”. Con los veinticinco mil dólares de indemnización muchos ex trabajadores optaron por llevar adelante emprendimientos familiares, pero la competencia entre los vecinos generó dificultades: se instalaron hasta cinco kioscos o despensas por cuadra. “Gracias a dios yo pude sostener a mi familia, e hice estudiar a mis chicos para que tengan una posibilidad de trabajo”. Pero muchos no tuvieron la misma suerte y hoy “te limpian el patio o te cortan el pasto por una moneda”.


Resumen de la nota publicada en la edición 4 de Revista Cítrica


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