Revista Cítrica

Vivos en la lucha y en la memoria


26 de junio de 2014

Revista Cítrica

Se cumplen doce años de la Masacre de Avellaneda y el asesinato de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki.

Ilustración: Florencia Vespignani.
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Junio se pone sobre los rostros, sobre los andenes de la estación Darío y Maxi. Junio se levanta y marcha sobre el Puente Pueyrredón. Junio es la historia de la Argentina hecha canción por Fandermole. Junio es la historia de Darío y Maxi.

Este 26 de junio se cumplen 12 años de la Masacre de Avellaneda, donde Maximiliano Kosteki y Darío Santillán fueron asesinados durante la brutal represión que la Policía bonaerense bajo la orden del ex presidente Eduardo Duhalde desplegó sobre militantes de organizaciones sociales.

Hoy una vez más, el pedido de justicia continúa vigente sobre los responsables intelectuales que estuvieron involucrados: Eduardo Duhalde, Felipe Solá, Alfredo Atanasoff, Carlos Soria, Juan José  Álvarez, Aníbal Fernández y Luis Genuod, entre otros.

Recientemente Leonardo Santillán, hermano de Darío, denunció que el juez Ariel Lijo tiene “cajoneada la causa” que investiga precisamente la participación de dichos funcionarios previo y durante la represión. Lijo, es el mismo juez que llevó adelante el procesamiento de los militantes sociales de Quebracho, Raúl Esteche y Fernando “Boli” Lescano.

Darío y Maxi no están solos
Como todos los años, cientos de militantes del Frente Popular Darío Santillán junto a otras organizaciones sociales y políticas del país se reúnen en la localidad de Avellaneda para recuperar parte de la historia reciente de los movimientos sociales y unir las voces en el pedido de justicia.

Este 25 de junio se realizará una Jornada Cultural en la estación “Darío Santillán y Maximiliano Kosteki”, que ahora lleva su nombre tras una batalla ganada en la justicia. La jornada iniciará con un panel sobre “Criminalización y violencia institucional” con la presencia de Vanesa Orieta y Nora Cotiñas, entre otros.  Hacia las 19.30 hs será el acto central con la palabra de Alberto Santillán, papá de Darío y hacia el cierre los músicos Rally Barrionuevo y Arbolito comprometidos con la causa, darán el paso a la marcha de antorchas y la Vigilia que antecede la subida al Puente Pueyrredón.  En la mañana del 26, se realizará el acto central donde un arco amplio de organizaciones sociales y políticas reclamará una vez más justicia para Darío y Maxi.

El militante que puso el cuerpo
Una imagen, un gesto inclaudicable contra el cual sólo pudo avanzar la infamia de los represores al paso de las armas. Cientos de antorchas iluminan cada año el comienzo de la Vigilia, y dan rienda a la madrugada que reúne a los jóvenes que hoy siguen encontrando en su ejemplo el camino de la victoria para los de abajo.

Darío, tenía 16 años cuando la realidad argentina apretó el cuello de muchas familias. Cuando los ?90 se tragaron a generaciones enteras sin escuela, ni techo, ni una comida digna. En el barrio La Fé también apretó el hambre y la desocupación. Darío, era en ese entonces sólo un pibe cuando sintió esa injusticia como propia y puso el cuerpo desde el comienzo.

La historia por estos días se teje y se enlaza, se recupera en las imágenes que lo retratan a Darío en aquellos años de militancia convencida, pero también a través de las palabras de quienes junto a él lucharon y hoy lo traen al presente en esa gran humanidad que tenía.

En diálogo con Marcha, Pablo Solana y Mariano Pacheco, militantes y amigos de Darío por aquella época, nos hablaron de humanidad, compañerismo, amistad, entrega y una gran claridad militante.

- ¿Que episodio junto a Darío, ahora a lo largo del tiempo, marcó tu militancia?
PS: Yo no diría que hay un episodio puntual junto a Darío que haya marcado mi militancia, sino todo un período compartido con él, y con otros compas durante esos años tan intensos: los primeros piquetes y tomas de ministerios, la primera vez que le torcimos el brazo al gobierno de De la Rúa, y las instancias de formación política, las asambleas en los barrios, la planificación de los proyectos productivos y después la Verón, la represión y la resistencia, el 2001, en fin, fue un período más que un episodio, junto a Darío y tantos más, que marcó mi militancia y mi vida, como creo que la de todos los que atravesamos ese momento de la historia de las luchas piqueteras.

- ¿Cuál es o son esas escenas que a lo largo del tiempo y llegando al 26, vuelven en tu memoria?
MP: Lo que más recuerdo siempre de Darío (a Maximiliano no lo conocí, o si lo vi en alguna reunión o movilización no lo tengo presente) son los momentos compartidos antes de la fundación del MTD de Almirante Brown, en enero de 2000. Seguramente porque durante ese año, en el que él abocó su vida de manera apasionada a la construcción del movimiento, no compartimos tanto la militancia como en años anteriores, sobre todo el anterior. Durante el 2000 yo estuve participando primero de una toma de tierras en La Matera (San Francisco Solano) y otras ocupaciones junto al MTD de Solano, y luego viajé por Corrientes y Chaco (donde me quedé a vivir por un breve tiempo). Fue muy impresionante: cuando regresé, el Darío con el que me encontré era otro. Era todo un referente barrial, un dirigente social, aunque en esos momentos repudiábamos ese término por estar ligado a la política de corte más tradicional. En Almirante Brown, con Darío, compartimos muchas reuniones, asambleas, cortes de ruta, movilizaciones y proyecciones del movimiento. También tuvimos debates, discusiones y hasta peleas. Porque como siempre digo, a esa constancia, a esa voluntad incólume que lo guiaba en el día a día, también hay que sumar el fuerte carácter que tenía, y ese delgado límite que siempre existe entre el entusiasmo militante y la tentación por la centralización, que es el riesgo al que todo gran dirigente, como él lo fue, siempre se tiene que enfrentar. Como sea, tal vez porque al ser un poco más chicos la militancia se entrecruzaba con otras cosas, los años 1998 y 1999, cuando compartimos la actividad política en el marco de una agrupación juvenil, los recuerdos se me aparecen con mayor contundencia afectiva. Y no era solo el vínculo que teníamos entre ambos, sino también con otras chicas y muchachos que conformábamos un grupo muy unido. Éramos como hermanos. Hacíamos actividades, nos formábamos políticamente, fantaseábamos colectivamente en cómo sería la revolución en Argentina. También nos juntábamos a escuchar música y conversar durante horas, a veces toda la noche, hasta el amanecer. Y tomábamos cerveza, o esas bebidas raras tan típica de esa época, como lo eran las cajitas de vino con jugo Tang o gaseosas baratas. Y recuerdo esos momentos con mucha alegría. Y a veces me río solo, trayendo al presente esa manía que teníamos de ponernos apodos. Petty, Jaime, La Cristiana, Tuqui, Grillo, Willy. Eran muy pocos los que conservaban su nombre, o una abreviatura, como Dani, Mara o Fede. Él, seguramente más por lo cabeza dura que era que por el tamaño de su marote, se ganó el sobrenombre de Cabezón.

- ¿Quién era Darío para Pablo Solana?
PS: Darío era un Compañero ante todo, así con mayúsculas. Su última decisión solidaria que le costó la vida engrandeció su figura, y eso es justo, porque Darío tuvo la actitud más justa y digna aquel 26 de junio, que sintetizó muchas otras actitudes de entrega de aquella juventud piquetera. Pero yo trato de escaparle a la idea de engrandecer su figura porque no sé si es bueno poner a Darío, como a Tosco o al Che o a cualquiera de nuestros referentes en la historia, en un lugar tan elevado que los convierta en figuras inalcanzables.

Darío era un pibe rebelde, consciente, comprometido, pero también jodón, y un poco cabrón a veces, como hay cientos, miles entre la juventud de hoy. Conozco a centenares de compañeros que cada día construyen organización en los barrios o lugares de estudio o trabajo, que predican una ética del compromiso y un anhelo revolucionario al igual que lo hacía Darío, en las organizaciones que más reivindican su ejemplo desde el Frente Popular Darío Santillán, que hoy tiene organizada su juventud en base al ejemplo de Darío y que tan bien honran su memoria con la militancia cotidiana. Pero también hay pibes como él, como Mariano Ferreyra, o salvando la diferencia generacional como Fuentealba y tantos militantes, que son un ejemplo y que han caído víctimas de la represión que sufrieron muchos espacios políticos de la izquierda y de los movimientos sociales. Entonces Darío para mí fue eso, un compañero más que le tocó convertirse en símbolo y que a partir de eso miles toman su ejemplo.

- ¿Quién era Darío para Mariano Pacheco?
MP: Un poco en la línea de lo que comentaba anteriormente, Darío, para mí, más que ese símbolo político generacional en el que se transformó tras su muerte, es un recuerdo entrañable: el de un compañero, un camarada, casi un hermano con que el conformamos durante un buen tiempo esa comunidad de amigos que era nuestra verdadera familia.

Nosotros, casi todos jóvenes con historias familiares que nos dejaban ante un gran desamparo (aunque Darío siempre tuvo un lazo fuertísimo con sus padres, sus hermanos e incluso su abuelo), supimos contener nuestras golpeadas trayectorias individuales en una gran apuesta colectiva, generacional. Seguramente por eso diciembre de 2001 nos encontró a todos juntos corriendo por las calles de la ciudad de Buenos Aires, tirando piedras contra la Policía y poniendo el cuerpo en unas jornadas que, sin haber sido previstas por nadie, se nos aparecían sin embargo como lo más cercano a lo que habíamos imaginado tiempo atrás, cuando un poco en broma, un poco en serio, cada uno aportaba un trozo de relato a la profecía insurreccional de la que todos deseábamos ser parte.

Alberto Santillán decía en una entrevista para Marcha, cuando se cumplieron 10 años de su asesinato, que Darío había sido libre y que esa libertad implicaba dignidad. Una dignidad que tenía que ver no sólo con la propia vida sino también con la de los demás. Y en cierto punto se une con lo que mencionaban Pablo y Mariano acerca de esa humanidad que llevó hasta las últimas consecuencias en la coherencia del compromiso. Alberto decía, “a veces me preguntan si estaba en contra de lo que estaba haciendo, jamás le dije que no. La instancia de Avellaneda de estar al lado de Maxi, eso fue ser digno. Sabiendo lo que podía llegar a pasar, siendo consciente de que lo podían matar, se quedó. Únicamente sosteniendo la mano de Maxi”.

Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, presentes.


Resumen Latinoamericano/Andrea Sosa Alfonzo/Marcha 

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