Revista Cítrica

Una respuesta al verdugueo


27 de diciembre de 2017

Hernán Zyseskind

Tras la represión y la decisión de la Cámara de Diputados de darle la espalda al pueblo, productores donaron veinte mil kilos de verdura a los jubilados. Una crónica de la Argentina de hoy.

Foto: Viojf
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Veinte mil kilos de verdura fueron entregados a cientos de jubilados este mediodía gracias al aporte de la Unión de Trabajadores de la Tierra. Bajo la consigna de “No compartimos porque nos sobra sino porque tenemos. Este es el fruto de nuestro trabajo”, la organización de pequeños y medianos productores, que nuclea entre 8 mil y 9 mil familias de trabajadores rurales, se presentó en la plaza de los dos Congresos para brindarles una pequeña ayuda a los jubilados.

Tienen las manos arrugadas, miradas tristes y corazones apenados. Ellos, los jubilados, esperan pacientes en la fila para retirar un poco de verdura. Todos agradecen y aplauden al unísono cada vez que algún productor rural les habla desde un megáfono. La sensación al verlos es de desazón, desesperanza e indignación. Y sus voces, algunas al borde del llanto, son la clara muestra de la situación por la que están atravesando.

Ángel, que es vecino de la zona y se jubiló hace cuatro años como chofer de taxi, se enteró por internet de la movida y es uno de los tantos que aguarda en la fila. “Vine porque no me alcanza la plata y así puedo ahorrar algo”, dice.

“Esta iniciativa me parece muy buena pero lástima que los que están acá enfrente (en el Congreso) no escuchan nada. Yo vine a las manifestaciones y puedo afirmar que estos son unos salvajes porque los que hicieron todo el quilombo fueron ellos, si había más policías infiltrados que jubilados”.

“Votaron una ley donde yo voy a cobrar un bono de 600 pesos y ellos se cobraron 30 mil de un saque, no tienen vergüenza. Este es el verdadero robo, ¿qué podemos hacer nosotros? Tengo mucha impotencia”, manifiesta con una mezcla de bronca y desahogo.

Detrás de Ángel se encuentran Marta y Yolanda. Marta, que trabajó en negro en una empresa durante 25 años, se jubiló en 2008 y nos cuenta: “Me parece bárbaro que estos trabajadores hayan donado esta verdura pero, a la vez, lo siento por ellos porque son los que pierden. Nosotros un poco nos beneficiamos pero ellos pierden. Qué te puedo decir, tengo tanta pero tanta tristeza”, balbucea apenada. “Hace dos años que se vino todo abajo, yo estoy mal, la mayoría estamos mal. Con todos los aumentos de las tarifas no alcanza para la comida”, dice mientras señala al Congreso y continúa: “Lo que votaron ahí adentro fue una vergüenza porque deberían bajarse ellos los sueldos altísimos que tienen. Pero no lo hacen ¿Y a quién le sacan? Al que menos tiene. Es el gobierno que eligió el pueblo y tenemos que bancarlo pero yo no lo voté”.

Yolanda trabajó como panadera y se jubiló hace dos años y medio. También necesita que la escuchen. “Estoy muy agradecida con estos chicos que vinieron a ofrecer sus verduras pero para ellos es terrible. No hay derecho que vengan a regalar su trabajo, su sacrificio, los entiendo como una muestra de solidaridad pero ellos no se levantan al mediodía como nuestros diputados. Esto es la peor vergüenza que nos puede pasar".

Vengo por la necesidad ya que no me alcanza lo que cobro para pagar los impuestos, los remedios y la comida. Si estuviera bien no estaría acá, no quisiera estar acá”, declara, bajo el sol del mediodía, mientras sus ojos se llenan de lágrimas.

Marcela tiene 13 años como jubilada, trabajó en el gremio de la alimentación y dice, tras recibir una bolsa con verduras: “Hoy creo que me ahorré unos 400 pesos pero este tipo de cosas las tendría que hacer el gobierno. Esta gente no tiene para comer al igual que nosotros, sin embargo son solidarios con los jubilados. Pero te repito, esto le corresponde al gobierno. Lo escucho al presidente decir que comió medio kilo de turrón y nosotros no comimos ni un maní. Se burla con un cinismo que nunca le vi a otro. Es una vergüenza, nos quitan de nuestra jubilación para darle a los ricos”.  

Pequeños productores rurales

Los que trabajan de sol a sol en la tierra llegaron a la ciudad para ofrecer sus cosechas. Bajaron la mercadería de los camiones bajo el calor agobiante y recibieron los merecidos agradecimientos de quienes se llevaron un poquito de su trabajo. Franz Ortega siembra todo tipo de verduras en la zona de Luján y dijo: “El campesino siempre ha estado abandonado y este gobierno, especialmente, no nos escucha. Esta protesta nace por la crisis que pasamos los campesinos y, también, por la mala situación de los jubilados. Estamos mal porque no somos dueños de la tierra que trabajamos. Nosotros la alquilamos y nos han subido las tarifas brutalmente, incluso vivimos en condiciones precarias como en casillas de madera o casas de nylon”.

Por su parte, Juan Pablo, que se dedica a la producción de verduras, carne, huevos y lácteos en la zona de La Plata, Florencio Varela, Berazategui y San Vicente, relató:

Esta iniciativa nació por lo que sucedió la última semana aquí mismo en el Congreso, donde sentimos que el Estado literalmente le robó plata a los jubilados, a las mujeres que habían conquistado derechos y a los veteranos de guerra. Vinimos a solidarizarnos con el pueblo y acá estamos entregando un poco de lo que tenemos, aclarando que no nos sobra pero es una medida de solidaridad.

“Todos nuestros compañeros tienen padres o abuelos jubilados que han perdido plata. Nuestro sector está totalmente castigado ya que los costos de producción son cada vez más altos y los costos de alquiler de la tierra siguen subiendo; esos son nuestros reclamos. Nosotros le venimos diciendo al Estado hace dos años y medio que necesitamos una ley de acceso a la tierra. Que generen un fondo de crédito blando para que los pequeños productores accedan a la tierra. Nos enteramos que el ministro Etchevehere cobró un bono de mucha plata cuando nosotros no recibimos ni nylon ni madera por los cambios climáticos por las tormentas que venimos sufriendo en los últimos años y que dañan a las cosechas.”

¿Son escuchados sus reclamos? “No, este gobierno hace oídos sordos y reprime. Esa es su receta”.

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