Revista Cítrica

Una a favor del cooperativismo


15 de marzo de 2017

Jésica Farías

Con casi una década de lucha encima, Idelgraff logró que la maquinaria finalmente sea de la cooperativa. Sus trabajadores pusieron sus créditos laborales a disposición de la empresa social y pudieron comprar los bienes. “Son nuestros”, celebran.

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Cuatro décadas atrás, la imprenta supo albergar a 130 operarios. A mediados de 2008, después de maniobras fraudulentas de su ex dueño, Ripari, quedaban 12. Frente al pedido de quiebra los trabajadores dieron batalla: si el empleador no seguía, ellos sí. De ese modo prevalecieron sus fuentes de trabajo. El primer día de 2009 se conformó la Cooperativa Idelgraff, la gráfica especializada en impresiones de libros y afiches de Munro, al norte del conurbano bonaerese. La lucha se sostiene. Se refuerza en tiempos de costos disparados, tarifazo que aprieta y políticas que favorecen únicamente a las grandes empresas. Sobrevivir no es fácil. Pero ¿bajar los brazos? Nunca. Fueron por la maquinaria y ahora esos bienes son suyos. La perseverancia fue la clave.

“Cuando empezamos no teníamos rumbo. Hoy logramos conseguir las máquinas y ahora son nuestras”, sintetizó el presidente de la cooperativa, Estanislao Cáceres, al salir de la audiencia por compensación. Acorde al artículo 203 bis de la Ley de Concursos y Quiebras, 12 asociados pusieron sus créditos laborales a disposición para comprar los bienes, que ahora les pertenecen.

“Es una muy buena noticia. Sobre todo porque un juez comercial aplicó en un expediente la ley vigente de Concursos y Quiebras, en este contexto en donde jueces del fuero comercial obstaculizan la aplicación de esa normativa. Una ley que es a favor de trabajadores de empresas recuperadas. Por eso este es un paso importante. Entendemos que este caso no sería la excepción pero frente a otros, ha sido una muy buena decisión hacer lugar al pedido de los trabajadores”, nos respondió Luciana Martín, abogada de la Asociación Civil Trabajando por la Economía Social (TES) que acompañó a la cooperativa, cuando le consultamos sobre la importancia de la decisión judicial, una que se pone a favor del laburo recuperado frente al desamparo patronal.

Martín, quien siguió el proceso de Idelgraff junto al abogado Pablo Godoy, reiteró: “Ahora son dueños de las máquinas y pueden disponer de esos bienes para la cooperativa”. Pero, ¿alcanza?

“El costo de la recesión es que los precios aumenten y que las ventas bajen. El resultado es el parate. Estamos haciendo malabares porque vendemos poco y alquilamos un local. Ese es nuestro presente y si tuviéramos que definir el futuro, de cara a las políticas actuales que mantienen la inflación, podemos decir que es incierto”, evaluó Verónica Vazquez, la única asociada de la cooperativa. Es la secretaria de Idelgraff y se sumó en 2011, dos años después de que sus 12 compañeros conformaran la empresa social.

La buena noticia de las máquinas en manos laburantes se conoció mientras la ponzoñosa editorial del Diario La Nación del martes 14 hablaba de “ocupaciones ilegales” para referirse al aguante de trabajadoras y trabajadores, quienes proponen ocupar, resistir y producir frente a las quiebras, vaciamientos y políticas neoliberales. “Toda pérdida de empleos debe lamentarse. Pero eso no justifica pasar por encima del derecho de propiedad, en particular cuando no hay utilidad pública ni están en juego la salud o la seguridad”, argumenta con sobrada mala leche.

Con la sangre en el ojo le preguntamos a Martín que opinaba. “Hay un artículo dentro de la Constitución Nacional, el 14 Bis, en donde se indica que el Estado debe garantizar el derecho al trabajo, tanto el privado como el público. Asimismo, la Ley de Concursos y Quiebras puso el eje en los trabajadores para que no queden desamparados. Entonces frente al derecho de propiedad prevalece el derecho al trabajo. No se puede seguir repitiendo que hay una inviolabilidad cada vez que un grupo de trabajadores desea conservar las fuentes”, explicó la abogada.

Ocupar, resistir, producir y educar.

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