Revista Cítrica

Recuperar un hermano


18 de octubre de 2016

Pablo Bruetman

Entrevista con Ramiro Menna, tras el encuentro con Maxi, el último nieto restituido. Las visitas a la casa de la tía Nena, a la sede de Abuelas y las preguntas e historias de sus padres desaparecidos.

Crédito Télam
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Ramiro debería haberle enseñado a patear una pelota a Maxi. Tendrían que haber jugado juntos al fútbol, al básquet, a todos los deportes que les gustaban. Nadar. Compartir las piletas y los ríos. Tirarse de bomba desde alguna piedra alta. Correr carreras. Compartir los juegos, las comidas, los espacios, pelearse, reconciliarse. Cosas de hermanos que se llevan poco más de dos años. El horror evitó todo eso. Maxi y Ramiro, esos hermanos a los que la dictadura cívico-militar les torturó y asesinó a los padres debieron hacer todo separados. Y así crecieron. Hasta hace algunos días, cuando la lucha y el amor de las Abuelas y de una sociedad recuperaron al nieto 121, al hermano que le habían arrebatado a Ramiro. Y por fin, se conocieron:

Si es que se puede describir, ¿cómo fue ese primer encuentro con Maxi, tu hermano?

La primera sensación con la noticia fue la gran sorpresa, la alegría grande, indescriptible, de esas que rara vez se experimentan en la vida. Y también una cierta incertidumbre en el sentido que no sabíamos de entrada cómo nos íbamos a caer mutuamente. Uno no sabe cómo lo han criado, incluso desde el vista ideológico. Más allá de que sea un tipo más tímido o menos, o introvertido, no sabíamos la idea que podía tener sobre una familia como la nuestra. Todo eso generaba una especie de incertidumbre. Y resultó que nos encontramos con un chango súper abierto a la relación, con muchas ganas de conocernos. Yo sentí que cuando entró a la casa de la tía Nena (Alba Lanzilotto) jugaba de local. Había una cosa de sentirse muy cómodo. Después de pasados los primeros minutos, de que pasaron esos nervios de sorpresa, esos momenos en que uno no sabe bien si darse la mano o abrazarse al decir hola, se rompió el hielo y fue muy lindo. Él empezó por contar lo mucho que vivió estos días. Y nosotros le blanqueamos los miedos que teníamos. Fue una charla muy linda. Y la sensación era que él jugaba de local. Yo creo que hay algo de la psicología, se está encontrando con el seno materno. Es algo de lo que no tiene memoria consciente, pero su cuerpo, su inconsciente sí. Él lo que hace es reencontrarse, de alguna manera, con el seno materno, del que fue arrancado. Tiene que pesar eso. Y supongo que debe pesar para bien, debe ser una sensación sanadora y reparadora. Como lo es para nosotros también.

¿En qué lo encontraste cercano a vos, algún rasgo o particularidad?

Somos parecidos físicamente, de eso no hay dudas. Y cuando me contó el modo en que reaccionó a partir de la noticia que recibió el 3 de octubre, y cómo fue llevando la cuestión con respecto a su padre de crianza, me sentí bastante identificado. Quizá yo hubiera hecho lo mismo. Creo que hay una cuestión en el modo de sentir que puede que compartamos. El tiempo lo dirá. Es una percepción que tuve en el contacto directo con él. Eso por un lado. Y después hay que ver, nos tenemos que conocer. En su niñez hizo muchas cosas parecidas a las que yo hice, y parecidas a las que hizo mi viejo, en materia de practicar deportes. Hizo natación y fue federado,y yo también nadé y competí. Él hizo un poco más de fútbol, yo más básquet, y así empezamos a ver distintas cosas que habíamos hecho con inquietudes parecidas. Y también aparece la búsqueda del sentido. No solamente en el sentido inmanente o natural sino también en un sentido trascendente. Él me contó que participa en un grupo que estudia algo relacionado con la logosofía. Y eso tiene que ver en buscar algo más, en la cotidianeidad, en la vida del ser humano y en el mundo de lo natural. Me interesó eso, porque en mi vida también siempre tuve esa inquietud.

Tu viejo estudiaba Medicina y tu hermano es médico...¿Por lo qué conoces de ambos descubriste similitudes entre ellos?

Sí, y veo que está el tema de que mi viejo tenía un don de gente. Todos los compañeros de militancia del Partido Revolucionario de los Trabajadores con los que pude hablar tienen un recuerdo del Gringo, de papá, de un tipo súper amigable, querible, de estar siempre haciendo chistes, muy humano, con muchos rasgos que lo caracterizaban como una persona generosa, solidaria. Un tipo fácil de querer... Lo poco que vi de Maxi, es lo mismo. Se sentó en la casa de mi tía y a la familia se la metió en el bolsillo. El martes fue a Abuelas, y los chicos que trabajan ahí con los que tengo relación me mandaban mensajes diciendo “con este pibe te sacaste la grande, es un tipazo”. Y eso también viene del abuelo Pánfilo, el papá de mi papá, que tenía ese don de gente, muy amigable, generador de buen clima. Y Maxi, por lo poco que lo conocí, parece que también es así.

¿Qué fue lo primero que quiso saber Maxi?¿Qué fue lo que más le interesó?

Al principio hablamos de la circunstancias del 3 de octubre hasta hoy. Me contó toda la historia de cómo se fue enterando. Yo le dije “gracias a que te encontramos a vos podemos ir hilando un poco más de la historia de mamá (Ana María Lanzilotto). Que no sabemos adónde fue a parar ni donde terminó. En una de esas aparece algún indicio”. Y él me preguntó si sabíamos algo de papá (Domingo Menna). Y ahí le conté que habíamos reconstruido más o menos el trayecto de papá, que el 19 de julio del 76 lo secuestran y que en noviembre de ese año en Campo de Mayo,Santiago Omar Riveros da la orden de inyectarle un anestésico total a él y a otros compañeros, cargarlos en un avión y tirarlos al mar. Y de mamá no sabemos. Y ahí quedó regulando. Esa fue una breve charla. Después hablamos de si había sospechado algo o no. Él había escuchado muchas entrevistas que habíamos dado nosotros, estaba al tanto de muchas cosas.

De a poco vendrá el conocimiento más profundo...

Sí, a mí me gustaría, en algún momento, tratar de charlar con él y preguntarle qué entiende de todo esto, conocer su impresión sobre lo que pasó en los sesenta y setenta en la Argentina. Y qué lectura hace de los procesos populares, de lo que pasó con papá y mamá y con los 30.000 desaparecidos y con los casi 500 nietos que estamos buscando. Me gustaría charlar de eso, en algún momento que él esté dispuesto. Porque a mí me gustaría transmitirle lo que yo entiendo que nuestros padres creían, las convicciones que ellos tenían.

Y contarle más de la historia de tus viejos, de lo que fuiste recolectando en estos años.

Sí, transmitir esa historia. Yo tengo una convicción. No quiero convencerlo de nada. Eso sería una falta de respeto. Pero no le voy a mentir, y yo estoy convencido de que lo que pasó en los sesenta, setenta y durante la dictadura tiene que ver con una América Latina, o más bien con los pueblos del sur del mundo, que vienen luchando por emancipación, por igualdad, y por justicia. Y para que los bienes materiales que producimos entre todos se repartan con criterios de solidaridad y justicia, que no haya grupos de privilegio que acumulen en desmedro de las grandes mayorías. Y en el marco de eso se estaba dando batalla. Y la reacción a eso fue con extrema violencia, también por miedo. Extrema, que pasa la raya de lo humano, la pasa cómodamente, y que es lo que produjo el secuestro, la desaparición y tortura de los compañeros y las compañeras, y que derivó también en que él tuviera su identidad falseada, en el marco de un engaño. Tiene que ver con un proceso de lucha, que excede a nuestros padres, a Maxi y a mí, pero nosotros estamos en esa. De todas maneras me tomé una sorpresa tremenda, muy positiva. Él incluso hizo una valoración de estar muy contento de haber conocido a su familia y en algún mensaje de whatsapp de valorar el compromiso. Eso es muy lindo y eso me da la idea de que también tiene una visión positiva del compromiso de construcción de una patria más justa.

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