Revista Cítrica

Que no juegue Messi


05 de octubre de 2017

Pablo Bruetman

Para clasificar al Mundial de Rusia, Sampaoli piensa en distintas variantes, tácticas y jugadores. Pero nunca imaginó la posibilidad de que no juegue Lionel Messi. Y mucho menos que esa pueda ser la salvación.

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“Tenes que cerrar los ojos y dársela a Messi”. Un audio de Whats App se viralizó hace unas semanas. Era la respuesta de un hincha a las declaraciones de Paulo Dybala acerca de lo “difícil” que es jugar con el mejor futbolista del mundo.

Aquel audio se compartió por todos lados. En cada grupo de Whats App abundaron elogios para el hincha que hablaba a los gritos y lapidaba al mejor futbolista del siglo XXI. ¿Por qué?. Porque ese hincha no hacía más que repetir lo que dicen los panelistas de los programas de fútbol, una copia edulcorada de los de farándula. Porque ese hincha repetía lo que titulaban los portales web periodísticos.

Todos los días, los medios de comunicación imponen, influyen y sentencian. Y se equivocan, casi siempre. Porque apenas unos pocos comunicadores de los que están frente a cámara han jugado al fútbol (y son esos pocos y algunas otras pocas y honrosas excepciones las únicas que valen la pena ser escuchadas). Los medios de comunicación sacan de contexto. “Es difícil jugar con Messi en Argentina porque jugamos en la misma posición. Soy yo el que debo adaptarme algo más a él y hacerlo sentir bien en la cancha. Afortunadamente puedo jugar con él y es un gran placer. Entrenar y jugar con él me ayuda a mejorar y crecer", fue la frase completa de Paulo Dybala. El jugador de la Juventus dijo que le daba placer jugar con Messi. Pero el recorte fue otro: que era difícil jugar con Messi. Hoy, un mes después, el director técnico Jorge Sampaoli -lea o no lea diarios- no considera a Dybala ni siquiera después de la baja de Sergio Agüero.

Por eso, si Argentina queda afuera del Mundial, los medios también serán responsables. Como Sampaoli, como Bauza, como Martino. Más que Messi, más que Higuaín. Igual que los dirigentes de la AFA, de los que siempre fueron y serán cómplices.

Porque los medios de comunicación machacan. Si Argentina pierde es porque no jugaron los futbolistas del medio local. Si a Argentina le hacen un gol es porque el planteo fue muy arriesgado. Si la pelota pega en el palo es porque los jugadores ganan millones en Europa y acá no les pagan. Y así es como una idea tan absurda como la de sólo darle la pelota a Messi y que haga algo es exaltada.

Los medios de comunicación quieren éxito o tragedia. Le exigen a Messi ser Maradona. Y más. Plantean tácticas brillantes. Que juegue Messi. Que juegue libre. Que juegue en la banda derecha como al principio de su carrera, pero que todas las pelotas pasen por él. Que juegue Messi pero no sus amigos.

Porque Messi nos tiene que salvar. Porque sino para qué es argentino. Para qué necesitamos un héroe que no pueda triunfar sin ayuda. No nos interesa. Nosotros queremos ver desde el sillón o desde la tribuna como un enano se burla de todo el trabajo colectivo-técnico-táctico y dirigencial de las asociaciones de fútbol de otros países. Nosotros no necesitamos nada porque tenemos a Messi. No hace falta nada porque creemos en el mago Messi, que puede recibir la pelota, eludir a los diez futbolistas peruanos que ocuparán la mitad de cancha de la Bombonera y picarle la pelota al arquero. Corresponde que Messi lo haga porque es nuestro salvador. No importa que esos futbolistas peruanos estén esperando justamente que Messi los gambetee a todos. No importa. Él tiene que poder. Sino de qué nos sirve Messi. De qué sirve Messi si no es un superhéroe o un traidor a la patria.

Los medios de comunicación creen que hay que darle la pelota a Messi. Porque de ese modo, Messi nos va a salvar. Pero Messi no nos va a salvar. Ni a la Selección ni a nadie. A menos de que se siente a pensar, haga el sacrificio más grande de su vida y decida no jugar. Para que periodistas, hinchas, dirigentes y hasta directores técnicos dejen de pensar que Messi todo lo puede solo por el simple hecho de ser el mejor jugador del mundo.

Si Messi no juega, no quedará alternativa: deberá conformarse un equipo, en donde cada una de las partes trabaje para un colectivo. Y ahí, cuando haya un equipo armado para ser equipo y no uno para darle la pelota a Messi y encomendarse a Dios -que en este caso es Messi-, el rosarino podrá volver para ser mucho más que el mejor jugador del mundo. Pero eso es casi tan imposible como que Messi agarre la pelota en mitad de cancha, eluda a diez rivales y al arquero y meta un gol.

 

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