Revista Cítrica

Odio de clase


16 de junio de 2017

Norberto Galasso

El 16 de junio de 1955 llovieron misiles en Plaza de Mayo. El objetivo: matar a Perón. El resultado: 400 civiles muertos, entre ellos chicos y chicas en edad escolar. El historiador Norberto Galasso reflexiona sobre ese bombardeo que la historia oficial ocultó durante mucho tiempo.

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Siempre es necesario recordar el Bombardeo a Plaza de Mayo. A lo largo de la historia argentina ha habido combates entre argentinos, y muchos enfrentamientos políticos y militares, pero lo que no hubo hasta ese momento fue un bombardeo hacia la población civil en una ciudad abierta. Había escolares y muchos inocentes por la Plaza. Fue una mortandad tremenda pero la historia oficial la ocultó hasta donde pudo.

Ya se sabía de una conspiración armada que había intentado varias veces derrocar a Perón. Pero aquel día fueron por más: creyeron que era conveniente matarlo. Y en vez de jugar al asesinato personal, porque podían hacerlo tranquilamente, prefirieron -para hacerlo más contundente- bombardear la Casa de Gobierno mientras Perón estaba en una reunión de Gabinete.

La decisión era atacar el Ministerio de Marina, y bombardear la casa de gobierno y la residencia presidencial. El día amaneció nublado, por lo que el ataque se demoró. Finalmente se dio a las 12.15 del mediodía y murieron alrededor de 400 personas. Chicos en edad escolar, transeúntes y trabajadores pagaron con su vida el odio de clase. En la CGT, por ejemplo, donde un grupo de obreros se juntó para defender a su gobierno, un aviador arremetió cobardemente contra los trabajadores. Después los aviones huyeron a Montevideo. Se hizo la calma, Perón habló y fueron detenidos y sancionados los cabecillas del ataque.

Lo más grave es que este acontecimiento no ha pasado a la historia. Más bien fue ocultado durante muchísimo tiempo. Y cuando se ha hablado de ello, se lo hizo de una manera en que la sociedad no comprende lo que realmente pasó. En  La Democracia de Masas, de Tulio Halperín Donghi, que es una figura con mucho prestigio, se dijo que “la oposición se levantó y hubo un ametrallamiento en el centro porteño, lo cual fue sofocado y produjo en la noche incendios en varias iglesias”. Eso nomás. Eso no explica la cantidad de muertos que hubo ni la dimensión trágica del hecho.

En el bombardeo a Plaza de Mayo el gran protagonista fue el odio de clases. Cuando se producen movimiento populares, que avanzan y hay conquistas, y la clase dominante ve reducidos sus privilegios, se va conformando en ellos el rencor. Cuando ven que sus privilegios son menores, o se comparten con otras clases, accionan de una manera que solo puede calificarse de odio de clase.

Hubo otros gobiernos que sin necesidad de llegar a eso también manifestaron su odio de quitando conquistas y derechos que obtuvieron los sectores populares, liberando los precios, devaluando la moneda y provocando que los salarios caigan totalmente. La historia argentina vive en una grieta permanente, por más que algunos autodefinidos como inteligentes crean que la inventaron ellos, esa grieta -la puja de intereses y la confrontación- existe desde siempre.

Siempre la grieta. Desde el planteo de Moreno, de hacer una revolución en serio y llevar adelante una política latinoamericanista ante las acciones conservadoras de Saavedra; los enfrentamientos entre San Martín y Rivadavia, entre el partido autonomista y el mitrismo en la década del 80, donde hay 3 mil muertos ignorados en la Capital Federal. Se repiten cuando Yrigoyen llega al poder y molesta a los conservadores; o en 1945, cuando el pueblo llena la plaza y libera a Perón. La grieta es permanente y existe en todos los países cuando hay clases privilegiadas y otras clases empobrecidas.

En la actualidad estamos ante el recupero del poder por parte de los sectores conservadores. Basta enunciar que cada uno de los ministros del gobierno de Macri son ejecutivos de las grandes empresas; que la política que se realiza es en base a la quita los derechos a los que menos tienen, las medidas económicas de libre exportación para debilitar a la industria nacional y una política de liberación de precios y bajas de salarios. Lo que significa una política económica de bajos salarios, que permite mayores ganancias a los capitalistas, a los empresarios y a los patrones. Un desprendimiento de la política latinoamericanista que habían implementado Chávez y Kirchner, en favor de una política pro-norteamericana. Este es otro tipo de bombardeo, sin bombas, pero en los objetivos y en las consecuencias se parece al del 55.

Aunque aún nos falta mucho. Porque en los colegios se habla de los bombardeos nazis en Guernica, en España, pero no se habla del bombardeo terrible a civiles inocentes en nuestro propio país. Cada 16 de junio los sectores del peronismo más combativos recuerdan el Bombardeo a Plaza de Mayo y los opositores antiperonistas tratan de olvidarlo porque en realidad es un hecho infame. La historia oficial tergiversó los hechos. Pero fuimos varios los que nos encargamos de publicar la verdad. Hoy ya nadie lo puede ignorar. Solo lo ignoran los que quieren olvidar sus malas acciones. Siempre estamos hablando de dos argentinas.

 

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