Revista Cítrica

Messi nos obliga a ser políticamente correctos


11 de octubre de 2017

Todo empezó mal. Nos quedábamos afuera, se caía el mundo. Pero el rosarino hizo lo que tantos le pedían, y respiramos. Y nos ilusionamos. Y lo llevamos otra vez a nuestro altar. Crónica de otra noche de patria futbolera.

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Por Martín Ríos

El himno. Sampaoli que parece tranquilo en esa primera imagen. Los jugadores argentinos abrazados al estilo brasileño, o como lo que son: jugados, más que jugadores.

En segundos se la juegan, y las horas previas, en sus cabezas, significaron eso: saber que pueden hacer historia. Esa historia que nadie quiere cargar como cruz: la de no entrar al mundial.

El árbitro, de camiseta rosa, es un Macu Mazzuca alto y musculoso.

A los treinta y nueve segundos estamos afuera del Mundial. Chiquito no lo puede creer. Millones de argentinas y argentinos, tampoco.

Nuestra mesa se queda en silencio por el gol, y el golpe inesperado. En otras, seguramente, empezaron los gritos.

El primer centro de Messi deja la imagen de la barba de Mascherano volviendo a defender.

La cancha, además, hace sapitos.

En la segunda vez que enfocan a Sampaoli, la tranquilidad parece miedo.

Masche no está bien, otra mala noticia.

Messi, Di María, Benedetto y ¡ay!, la primera. La primera que nos perdemos.

Un pensamiento recorre muchas cabezas: "No sólo nos quedamos afuera, encima nos golean". La tragedia argentina.

Sampaoli pareciera pensar igual: ya está a los gritos, desesperado.

Di María está punzante, Masche quiere ser delantero.

 

¿Messi?

Messi dice: "Hola, soy Messi", a los doce minutos. Y el partido empieza de nuevo. Muchos respiran, muchos gritan mucho ese gol que, de tan lindo y asociado, ilusiona.

Y la siguiente jugada de Lio, también.

Messi usa manga larga debajo de la casaca. Si Argentina se queda afuera, no serán pocos los boludos que hagan chistes con que la usa porque es un pecho frío.

Pero Messi es un crack. Siempre lo será, por más que no haya hecho lo que acaba de hacer: robado una pelota al borde del área y clavado un zurdazo al ángulo.

Esa fuerza al pegarle, al gritar el gol. Esa sonrisa y esos abrazos. De pronto, da alegría ser argentino.

Dos minutos antes, era una desgracia.

El país como está, y encima sin Mundial. No pocos veían una señal en eso. Y algunos ya lo relacionaban con el humor social y político, y se imaginaban a Macri haciendo fuerza porque “si no, ahí sí que se pudre todo y la gente sale a la calle” (¿?).

 

Benedetto interviene en otras dos o tres jugadas de peligro. De peligro físico. Pero se valora la actitud.

Messi, además marca. Quiere la pelota. No la espera, la va a buscar. Y sobre todo la va a encontrar, y la encuentra. Hoy, la pelota es suya.

 

Treinta y un minutos -como si el tiempo importara- y Messi y Di María nos vuelven a poner ansiosos.

Además de que Messi está bien, hay otra certeza: la defensa no lo está. Está insegura, dubitativa.

Pero, ¿cuál es la duda argentina? "Esa pregunta" que se hacen más argentinas y argentinos por estos días.

¿Llegamos a fin de mes? ¿Será esa? ¿Para vos cuál es? ¿Cuál es la pregunta que más te hacés?

¿Dónde está Santiago Maldonado? 

¿A quién se le ocurre hablar de política en medio de este partido? ¿Qué tiene que ver esto con el fútbol?

-Es que está el entretiempo, y estamos bien, estamos en el Mundial.

-Pará. Pará que faltan cuarenta y cinco minutos.

 

Pero el segundo tiempo transcurre con más tranquilidad de la esperada. 

Un ecuatoriano gambetea a un montón de argentinos. Otro, le entra duro a Messi.

Un poco después, Messi, la tapa de los diarios -pase lo que pase-, vuelve a sonreír en un festejo; después de hacer un gol como los que suele hacer en Barcelona.

Sonríe. Y una montaña de argentinos se le sube encima.

Ya sabemos lo que viene: Messi será Dios, Messías, Genio, Crack.

A esta altura -argentinos, futboleros, consumidores de medios- también ya sabíamos lo que venía si perdíamos y quedábamos afuera.

Por eso hoy disfrutemos que Messi es argentino. Hoy disfrutemos todos juntos. Seamos del mismo equipo. Hoy que podemos. Sabemos que mañana, más tarde o más temprano, lo van a poner en duda. Allí, otra vez, será el momento de salir a defenderlo.

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