Revista Cítrica

“Los mismos que firmaban solicitadas a favor de Videla hoy dicen que los juicios a los militares son políticas de Estado”


27 de febrero de 2017

Revista Cítrica

Pablo Llonto, periodista y abogado en causas de lesa humanidad, destaca cómo la militancia de los organismos de DDHH, y más en estos tiempos, son un norte para nuestra sociedad. Segunda parte de la charla en el Hotel Bauen.

Crédito: Télam
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Hay cambios en la sociedad que, por suerte, no pueden frenarse. Los juicios a los represores, aunque lentos, siguen. Y que continúen, pese a un gobierno con funcionarios negacionistas y defensores de la teoría de los dos demonios, es un triunfo de la sociedad y de la militancia del movimiento de Derechos Humanos. "Es una lección para aprender", teoriza Pablo Llonto en la conversación con Revista Cítrica en el Hotel Bauen.

¿Cómo analizás lo que está pasando en DDHH?

Ahí hay una lección para aprender. El movimiento de DDHH fue minoritario, y perseguido. Y sin embargo la militancia derrotada, logró, con una gran perseverancia, que fuera un tema de buena parte de la sociedad. Que se mantuviera por décadas, hasta hoy, y que lo tomaran los jóvenes. Todo eso, que es producto de una combinación de factores que incluyó a los crímenes y a las pérdidas de libertades, habría que lograr trasladarlo al tema de la comunicación y el periodismo. El movimiento de DDHH logró que gran parte de la sociedad entienda que no podía ser que el Estado, con la excusa de tal o cual cosa, secuestre, torture, haga desaparecer o fusile. Eso llevó mucho tiempo, y mucha militancia. Y creo que en la comunicación hay que hacer lo mismo.

Estamos juzgando a genocidas que, cuando empezaron los juicios, tenían 60 o 70 años. Hoy ya andan por los 80. Necesitamos que lleguen al juicio oral y el juicio oral se resuelve en tres años. Entonces, increíblemente, estamos prendiendo velas para que los genocidas vivan cada vez más y se los pueda juzgar.

El emblema del movimiento de DDHH hoy son los juicios, y los juicios siguen. No los van a poder frenar. Y a pesar de que sabemos que son hipócritas, los escuchás hablar y dicen que es “política de Estado”. Yo no puedo creer que los mismos que firmaban solicitadas a favor de Videla en 1987, hoy estén diciendo que es política de Estado lo de los juicios a los militares. Es hipócrita, de la misma forma en que lo fue Macri yendo con Obama a tirar flores al río y recibir a Hollande. Seguro que todo eso es hipócrita, pero a la vez es parte de lo que se ganó. Ganamos, aunque sea, esa hipocresía.

¿No van más lentos los juicios?

Es cierto que van más lento, por culpa de la Justicia -sobretodo, con la responsabilidad de Ricardo Lorenzetti- a sabiendas de que en la Justicia hay componentes de la UCR o del PRO. Pero también hay otro gran componente, que es el nuestro, el campo popular. Entonces, al Gobierno le decimos: sancionen al funcionario que está diciendo barbaridades. Como Gómez Centurión (Juan José), Garavano (Germán), Avruj (Claudio), y otros, que hablan de la cifra de los desaparecidos, o que tendrían que estar en prisión domiciliaria. Es como que hay que estar marcándole eso al Gobierno. O que no se echen trabajadores de las áreas de DDHH, o que no bajen el presupuesto. Esos son los reclamos. Pero el reclamo de los juicios es a los jueces, directamente. Los juicios no van lento desde el 10 de diciembre de 2015 en adelante, ya venían lentos de antes. Ahora bajaron aún más esa velocidad. Y es uno de los temas que estamos discutiendo, qué hacer para sacudir -sobretodo- a la Corte Suprema. Y el problema es más grave, porque cada año que pasa, para nosotros son diez. Estamos juzgando a genocidas que, cuando empezaron los juicios, tenían 60 o 70 años. Hoy todo ese bloque ya anda por los 80. Entonces las posibilidades son otras. Ahora es ver si llegan al juicio oral y el juicio oral se resuelve dentro de tres años. Entonces, increíblemente, estamos prendiendo velas para que los genocidas vivan cada vez más y se los pueda juzgar.

¿Cuánto influye que el Estado no presione, y que a su vez, el aparato represivo vaya en aumento?     

Lo que ya no tenés es un Estado que apoye. Más allá de que formalmente están, empiezan a hacer cosas como que la Secretaría de DDHH de la Nación no apele el sobreseimiento de Papel Prensa, y otros casos. Se perdió un apoyo importante por parte del Estado. Tampoco es que el Estado se retiró de todos los juicios de lesa humanidad. Sigue. Pero no contrataron más abogados, no apelaron. Esto se consolida con el nombramiento de Carlos Rosenkrantz en la Corte Suprema, viniendo del buffet de abogados de Clarín. A Rosenkrantz le importa un rábano lo de Papel Prensa. Pero la cuestión ya venía de antes, con la Corte anterior, de Lorenzetti a la cabeza. El único que ahí alzaba la voz era Zaffaroni (Eugenio). La Corte no hace absolutamente nada para que los juicios vayan más rápido.

En septiembre tuvimos una reunión con la Corte, los diputados, los jueces, los camaristas, y les dijimos: “Los juicios tienen que hacerse de lunes a viernes". Así de fácil. Ahora se hace: un martes, después la otra audiencia es a los 10 días, luego a los 15, y así no funciona. Entonces, un juicio que debiera durar un mes, dura un año. Y ese juicio tardío, tapona al juicio que viene atrás. Por ejemplo, en San Martín tenés 17 juicios orales en lista de espera, aguardando que termine el único juicio que se hizo en el 2016, y que no pudo terminarse, y se pasó para este año. Hay uno que está hace 7 años esperando turno para tener su audiencia. El juicio de Ford está hace tres años. Eran tres imputados. Murió uno, quedan dos, y los dos son mayores de 90. Tendría que empezar este año. ¿Qué chance tenés de condenarlos? Quizá ocurre un milagro y viven hasta los cien. Pero van a ir a prisión domiciliaria, además. No van a ir a cárcel común.

Creo que el tema central es la reforma de la Justicia, y es lo que se tiene que hacer cuando se vuelva a ser gobierno. Hay que reformar la Constitución, y dar vuelta como una media a la Justicia. Fue la gran deuda que quedó. Hubo un intento de Cristina, de mandar seis proyectos que eran el inicio de -tal vez- empezar a transformar algo, pero yo tampoco tengo claro qué es lo que se quiere hacer. Hay una distancia grande entre lo que uno opina, y lo que muchos referentes kirchneristas piensan. Creo que es ultra necesario que empiece a haber más espacios de debate. Y que en Justicia se empiece a citar a los compañeros que allí están, como en Justicia Legítima, abogados y abogadas, compañeros interesados, para discutir qué tipo de Justicia tiene que tener un gobierno nacional y popular. Para que la próxima vez, ya se sepa qué es lo que hay que hacer. Lo primero que hay que hacer es la reforma constitucional, y para eso precisás mucho tiempo de debate. Yo quisiera que a los jueces los elija el voto popular, pero hay otros compañeros que siguen queriendo que los elijan esa camarilla de jueces y abogados que es el Consejo de la Magistratura, como filtro. Están de acuerdo con el sistema de meritocracia de los concursos, que todos sabemos que son amainados. Hay que discutir realidades e ir viéndolas. Hay que discutir la justicia, el sistema electoral, muchas cosas para una reforma necesaria. Muchos compañeros sólo se interesan por discutir estrategias para la táctica electoral y nada más. Y eso es volver a los viejos defectos. Está bien discutir la táctica electoral, pero si no discutís el resto de las cosas, no alcanza. Igual, hoy siento que hay mucho más debate que antes. Hay que ver si eso se logra plasmar.

¿El regreso del campo popular al gobierno es sólo con Cristina al frente o hay otras posibilidades?

Por ahora es con Cristina, porque no aparecieron otras figuras. A todos nos gustaría poder tener más opciones, y estar discutiendo a partir de cuestiones políticas, un enorme menú de dirigentes para poder elegir, pero estamos discutiendo “el contar los porotos”. Quién arrastra más, y dónde. Y el menú es tan corto porque venimos del defecto anterior. Y la pregunta es: ¿Se aceptó porque lo aceptamos todos, o se aceptó porque no había otra? ¿Se aceptó porque nosotros no dimos la pelea para que se discutiera, o porque no quisimos?. Es decir, yo creo que debimos haberle dicho a Cristina en su momento: Mirá Cristina, en medios, Szpolski está haciendo un desastre, así que te proponemos que te reúnas con el SiPreBA, la nueva dirigencia, el plenario de delegados o quien sea que estuviera en ese entonces.Este es el debate que hay que dar. Si no se da, iremos tal vez a la posibilidad de un triunfo electoral pero será solo por oposición a la mierda que está haciendo este Gobierno.

¿En qué momento empezaste a apoyar al gobierno de Cristina?

El momento de la decisión mía fue la muerte de Néstor. Yo ya venía involucrado,pero sin asumir algo que debía. Decir, con nombre y apellido: yo soy kirchnerista. Era una apuesta y yo la tomé. Con todas las contradicciones a cuesta y sabiendo todo lo que significa, pero no podía ser neutro. E intenté dar la pelea desde adentro. Antes apoyaba al gobierno, me definía como anarcoperonista con apoyo crítico. Los primeros meses yo tenía un discurso parecido al que tenía Hebe al principio, cuando decíamos que Kirchner era un títere de Duhalde (Eduardo). Y lo que me hizo cambiar eso fue lo hecho por Néstor con los DDHH. Que es una combinación entre lo de la Esma, bajar los cuadros,y apoyar el proyecto de la nulidad de las leyes. Esas cosas ocurrieron en pocos meses. Lo de Clarín tardó más. Hasta 2008, cuando fue lo del campo.

¿Chocaste con viejos compañeros de militancia por tu apoyo al kirchnerismo?

Con mis compañeros del campo popular mantengo la vieja discusión acerca de los gobiernos capitalistas o no capitalistas. Un debate al cual no entro más, porque ellos tienen razón. No discuto eso. Era un gobierno capitalista. La diferencia que tenemos y que yo hice ruptura con el único partido en el que estuve en mi vida, que fue el MAS, fue a partir de que si se miraba al partido, o se miraba a la conciencia de los pueblos. Yo opté por mirar la conciencia de los pueblos y querer militar en organizaciones y partidos que tienen como objetivo desarrollar la conciencia de los pueblos. La tesis de que un partido de vanguardia, en el que confluirán los trabajadores, y tendrá como destino ser el partido de la revolución, hace décadas que no la comparto. Mantengo estos ideales. El mundo tiene que ir hacia una sociedad que, se llame como se llame, socialista, de igualdad, o similares, y quiero que la hagan los pueblos, pero con la conciencia de que lo tienen que hacer, y para eso hay que ganar la confianza, y ayudarlos a que esa conciencia se desarrolle. A que entiendan que son explotados. A que entiendan que tenemos que ser iguales. A que entiendan que todos valemos lo mismo.

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