Revista Cítrica

"Les decíamos que llevábamos a un muerto, que no nos disparen más"


06 de diciembre de 2017

Revista Cítrica

Fausto Jones Huala fue testigo del asesinato de Rafael Nahuel. Escuchó sus últimas palabras, mientras lo bajaba herido de muerte de la montaña. Luego, fue detenido e incomunicado. Y pese a ser víctima de la balacera del Grupo Albatros de Prefectura, la Justicia le inició una causa a él.  Por primera vez, decide contar lo que vivió ante un medio de comunicación.

Foto: Gustavo Zaninelli
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Por Diego Pintos y Maxi Goldschmidt

Fausto Jones Huala no escucha bien. Un disparo de Gendarmería lo dejó sordo. Fue en su comunidad, la Pu Lof en Resistencia de Cushamen, pero no el 1 de agosto, sino en enero: el antecedente a la desaparición forzada y asesinato de Santiago Maldonado. Pero esta nota no empieza hablando de eso, sino de otro asesinato, de otra represión de una fuerza de seguridad -esta vez, Prefectura- contra una comunidad mapuche. Fausto Jones Huala fue, junto a Lautaro González, la última persona que vio con vida a Rafael Nahuel. Lo llevaban en una camilla improvisada, cuando el peñí (hermano) de 22 años murió.

Fausto cuenta que llegó a la lof Lafken Winkul Mapu después del primer desalojo, "para apoyar el proceso de recuperación, entendiendo la importancia que tiene la Machi Beti, la problemática del pueblo mapuche y la escalada de violencia que viene ejerciendo el gobierno con nuestra gente".

 

Estabas ahí en el momento de la represión del Grupo Albatros y fuiste testigo del asesinato de Rafael Nahuel. ¿Cómo empezó todo?

Estuvimos unos días ahí arriba. Sabíamos que estaba la policía abajo. Ese día en particular no se había hecho escuchar la policía, ni tampoco la habíamos visto cerca. Entonces decidimos bajar hasta la casa que estaba construyéndose abajo, cerca de la ruta. Cuando estábamos yendo hacia la casa, aparecen los prefectos que nos dijeron: "¡Alto, Prefectura!". Pero no pasó ni un segundo y empezaron a disparar. Nosotros volvimos corriendo hasta que llegamos a un lugar en el que pudimos parar, para ver si podíamos verlos desde donde nos estaban disparando. Desde ahí les respondimos con piedras, que es nuestra única arma para defendernos de las fuerzas de represión. Fueron varios minutos de disparos, y se sintió como eterno. Se escuchaban los tiros y las ráfagas. De repente se escucha que hay un herido, y cae Rafael. Nosotros le gritábamos que dejasen de tirar porque estaban hiriendo gente. Entonces escuchamos que hubo otro herido más, mientras ellos no dejaban de tirar en ningún momento. Después del último herido pasaron unos minutos más y no se escucharon disparos. Ahí nos acercamos a ver al peñi (hermano) y todavía estaba con vida.

Nos decía que había que seguir resistiendo, que estaba bien. Entonces nosotros decidimos armar una camilla y bajarlo a la ruta para pedir ayuda, porque sabíamos que estaba herido. Se veía que en la zona de las costillas tenía como una pelota, y tomamos esa decisión de bajarlo a la ruta, para que lo asistan. Mientras estábamos bajando encontré un casquillo de 9 milímetros, lo levanté y lo guardé en mi bolsillo.


¿Cuando llegan abajo Rafael ya estaba muerto?

Sí, y cuando estábamos por llegar a la ruta vimos a los de Prefectura y nos empezaron a apuntar. Les empezamos a hacer señales. Les decíamos que llevábamos a un muerto, que no nos disparen más, que estábamos desarmados, y que nos íbamos a ir con él. Nos gritaron "¡al piso, al piso!". Nos tiramos al suelo y nos esposaron. Cuando me esposan aparece uno y dice: "¡Ahhh! ¡Hijos de puta!", nos empieza a insultar, nos quiere venir a pegar, y entre otros lo pararon. Los prefectos pararon a su mismo compañero, que estaba rabioso. Después nos llevaron hasta la entrada del hotel que está ahí abajo. Nos dejaron contra un portón de madera, en el suelo, durante un rato. En ese momento aparece la lamién María, la tía de Rafa, y nos vio que estábamos detenidos ahí. Cuando veo a la lamién María,  empiezo a hablar en mapusungun y uno de los prefectos me grita: "¡Dejate de hablar pavadas, callate la boca!". Yo le contesté que no estaba hablando pavadas, que era mi idioma. Minutos después aparece el secretario del Juez, Ivanov. Nos dejaron un rato ahí. Después nos volvieron a cambiar para otro lugar. Cada vez estábamos más lejos. Llegó un momento en el que tenían que abrir la ruta. Entonces nosotros todavía estábamos ahí, tirados, también Rafa, entre las camionetas y todos los vehículos que tenían. A nosotros nos dejaron del otro lado de la ruta, más cerca del lago. Estábamos tirados en el suelo y teníamos a nuestra izquierda el cuerpo de Rafa. Estuvimos mucho tiempo hasta que oscureció, hasta que nos subieron a la camioneta de la PSA y nos trasladaron hasta el aeropuerto. Era como la 1 de la mañana aproximadamente. 

¿Cuánto tiempo estuvieron tirados?

Yo no sé bien a qué hora llegamos abajo. Creo que eran como las cinco y media de la tarde. Supongamos que eran las seis. Desde ese momento hasta la 1 de la mañana, que fue cuando nos trasladaron al aeropuerto, nos cambiaron dos o tres veces de lugar, la última vez que nos movieron estábamos como a tres metros de dónde estaba Rafa tirado. Lo tenían al lado de la ruta, tapado con una camioneta, y nosotros estábamos tapados por otra camioneta. Cuando nos llevaron a la camioneta de la PSA nos sacaron fotos los de criminalística de Río Negro. Ahí nos hicieron las pruebas de las manos, con carbono, nos hicieron hisopado en las uñas, también en las manos de ambos lados. Nosotros les dijimos que no estábamos de acuerdo con lo que estaban haciendo porque los que tenían armas y habían disparado y matado a Rafa estaban ahí, y eran los prefectos. Pero igual nos dejamos hacer las muestras. Porque sabíamos que habían sido ellos. Nosotros no teníamos nada que esconder.

Durante el traslado nos dimos cuenta que los prefectos no eran de la zona. Algunos decían que eran de Buenos Aires y otros que eran de Jujuy. Y todo el tiempo estaban burlándose de nosotros, buscando excusas para que nosotros contestemos, y que se arme gresca ahí adentro.

Pero nosotros no reaccionamos. En un momento hablamos con uno de los jefes y le pedimos que trate de calmar a sus efectivos. 

¿Qué pasó cuando llegaron a la PSA?

Lo primero que dijimos era que a nosotros no nos habían detenido, sino que nos habíamos entregado. Que nos entregamos porque bajamos con el cuerpo de Rafa. Le dijimos que ellos le habían disparado. Les explicamos que la situación no había sido que "a nosotros nos habían perseguido y que en algún momento del bosque nos detuvieron". No. Aclaramos que nosotros bajamos a la ruta, nos entregamos, y les dijimos: "Nos vamos con él", en referencia a Rafa. No queríamos que pase lo mismo que pasó con Santiago. No queríamos que las fuerzas de seguridad se vuelvan a salir con la suya. Y en ese momento entendimos que era la única manera de poder hacer que no suceda lo mismo, y que no dejemos el cuerpo ahí, para que puedan hacer cualquier cosa con él. Como no queríamos que pase eso, bajamos con Rafael. Lamentablemente -hoy en día- la Justicia es para ellos. Esto da mucha bronca, mucha impotencia. El lunes tuve que ir a firmar y en la carátula dice "Fausto Jones Huala, usurpación, muerte por causa dudosa y atentado a la autoridad". Mataron a Rafael y nosotros estamos siendo investigados.

 ¿Lo conocías a Rafael?

Lo había visto dos o tres veces antes, en ceremonias mapuche, ceremonias de la lamién Machi, que se está levantando en ese territorio. Él había llegado a la lof hace bastante tiempo. No teníamos una relación de amigos sino de peñis solidarios dispuestos a ayudar en el momento que hiciera falta. Él era una persona que siempre estaba haciendo cosas, como lo describen sus amigos, un chico que estaba todo el tiempo viendo lo que podía hacer, y en qué podía ayudar. Era un peñi bien atento.

¿Qué era lo que más pensabas en esas ocho horas que estuviste tirado, esposado y sabiendo que al lado estaba Rafael, otro hermano asesinado por las fuerzas de seguridad?

Pensaba que la gente nuestra se tenía que movilizar. Que era importante, porque no se podía dejar sola a la comunidad. Se sabía que nosotros íbamos a quedar detenidos pero nos había visto María. Sabíamos que nuestras familias se iban a mover por nosotros, a pedir nuestra libertad. Pero lo que más nos importaba era que llegase más gente al territorio, porque las fuerzas de seguridad seguían ahí, la gente tenía que resistir ahí por la importancia que tiene ese lugar. Se me venían un montón de cosas a la cabeza. Pensaba en mi hijo, en mi familia. Pero uno es consciente de que estas cosas pueden pasar, que uno elige estar ahí, pelear junto a sus peñi y sus lamién (hermanas), espalda con espalda, y saber que no nos vamos a dejar solos, entre los que estemos en ese momento ahí, luchando por lo nuestro.

Nuestra lucha es justa, es por nuestros hijos, es por los hijos de la gente que no nos apoya, es incluso por los hijos de los prefectos que mataron a Rafael, de los gendarmes que mataron a Santiago, por la misma gente que está -muchas veces- en contra de nosotros.

Y que les cuesta entender lo que pasa y cuál es nuestra lucha; por el awinkamiento, por el consumismo, por todas esas cosas que hoy en día existen. Por ser ignorante, por ser mezquino, por no ver más allá de su metro cuadrado, y pensar solamente en el hoy,  y no pensar en un mañana mejor para todos, sin contaminación, en un mañana donde nosotros no vamos a estar, pero sí nuestros hijos y nietos. Yo no quiero que mis hijos se críen en la basura y en la mierda, como se crió Rafael o nosotros, pidiendo en la calle, siendo un negrito más, siendo esos chicos que la gente discrimina. Nosotros no queremos eso para nuestra gente, ni para los nenes ni las gentes de la comunidades. Buscamos un futuro mejor, como vivían nuestros antiguos, nuestra gente. No había diferencias. Y si las había, se conversaba, entre nosotros, como mapuche. Pero que cuando avanzaba el winka, ahí la gente era una sola, y las diferencias quedaban a un lado. Y los mapuche se enfrentaban a los winkas siendo uno solo. Por eso es que hoy estamos acá. Ellos pelearon de la misma manera en que estamos peleando nosotros.

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Fausto Jones Huala es el hermano de Facundo, el lonko que está preso ilegalmente desde el 26 de junio. Pidiendo su libertad, el 31 de julio, Fausto fue detenido junto a otras ocho personas en Bariloche, un día antes de la represión de Gendarmería en la Pu Lof de Cushamen. Pero antes de la desaparición forzada y asesinato de Santiago, en ese mismo lugar, hubo otra sangrienta represión de las fuerzas de seguridad. El 10 y 11 de enero, en la Pu Lof y sus alrededores, no hubo un muerto o un desaparecido solo por casualidad. Ese muerto bien podría haber sido Fausto, si el impacto de bala que recibió era un centímetro más allá o más acá. 

Cuando dialoga, Fausto gira la cabeza. Apunta su oído derecho al interlocutor. Del izquierdo, no escucha prácticamente nada.

Ese balazo le provocó traumatismo de cráneo y pérdida de audición. "Además, me quedaron coágulos en la cabeza y tengo que tomar anticonvulsionantes". 

Hoy, hablamos de Rafa asesinado.

Ayer, de Santiago desaparecido. 

Antes, no hablábamos. Pero esto que hoy vemos, ya estaba pasando.

 

¿Cómo fue esa vez?

Esa vez todo comenzó el día 10 de enero, y varios días antes, en realidad. Estando el lonko (Facundo Jones Huala) detenido, se había llegado a una mesa de diálogo por el conflicto que se creía tener, entre los encargados de dirigir La Trochita, con la comunidad mapuche. En ningún momento se nos acercaron a dialogar para ver si podían pasar o no. Entonces se inició una causa judicial en contra de la comunidad. Después de varios meses se llegó a una mesa de diálogo y cuando Facundo salió de la cárcel, se llegó a una segunda instancia de mesa de diálogo, donde también se pidió por mejoras a otras comunidades, como fue lo del tanque de agua que venían prometiendo arreglar en la comunidad Nahuelpan. Creo que fue el 22, que los de La Trochita (dependiente de la Corporación de Fomento del Chubut -CORFO-) dijeron que querían pasar con un vagón y una locomotora, pero que ellos querían pasar con Gendarmería adentro, porque -supuestamente- había obstáculos en el camino.

Unos días antes de que se cumpla esa fecha, anduvo un helicóptero dando vueltas. No había ningún obstáculo en las vías. Como dos o tres veces habían pasado máquinas tipo zorras, despejando, y viendo si había algún obstáculo en las vías. Viendo cuestiones del mantenimiento, y todo estaba sin ningún problema.

Nosotros les dijimos que no íbamos a permitir que entren con policías, que iba a haber garantes de organismos de Derechos Humanos que iban a estar presentes en el paso de la locomotora para que no haya conflicto. Lo único que se pidió fue algo que está dentro del artículo del convenio 169 -la consulta previa libre e informada a los pueblos originarios-. Y eso era lo único que se pedía. Que avisen unos días antes, por el tema de que en la comunidad hay niños, animales, y demás. Eso era lo único que se le pedía a la gente de CORFO. Pero estos no aceptaron pasar sin la policía, y el juez Guido Otranto dictó una orden de despeje de las vías, mandando casi 300 efectivos de Gendarmería, policías a caballo, drones, helicópteros, una avioneta, un carro hidrante, es decir, un aparataje como si fuese una guerra. El 10, a eso de las seis y media de la mañana, baja una lamién y dijo que había visto pasar varios camiones de Gendarmería. Y aproximadamente a las siete suena el kul kul (instrumento musical de viento, hecho de cuerno natural, y utilizado como llamado de alarma) y subimos a la guardia a ver lo que estaba pasando. Y vimos todo el aparataje de colectivos, traffics, camionetas, unimogs, todo frente a la guardia. Fuimos a conversar con el encargado del operativo y nos dijeron que ellos tenían orden de entrar, y que iban a entrar como sea. Les dijimos que queríamos hablar con el abogado, y el encargado del operativo repitió lo de entrar por la fuerza. Entonces prepararon a sus equipos y entraron tres bloques de gendarmes, más o menos 40 personas, con escudos.

¿Ustedes cómo reaccionaron?

Empezamos a tirar algunas piedras pero los gendarmes eran demasiados para los pocos que éramos nosotros. Así fueron detenidos mi hermano Nicolás, Ariel Garci y Ricardo Antihual. Fueron golpeados y después trasladados a la unidad 14 de Esquel. En el mismo momento, se empezaron a llevar nuestros animales, nuestros caballos. Los sacaron de nuestro campo con la policía montada, que participó del operativo. Cuando desde la comunidad salieron a buscar a los animales, hubo una persecución y tiroteo de la división de Abigeato y de la policía de El Maitén. Interceptaron una camioneta donde había varias personas que se habían solidarizado con la comunidad, como ya había pasado antes. Es decir, gente mapuche y no mapuche que se acercó. Fueron emboscados y fue tiroteada la camioneta del peñi (Jorge) Buchile, y fueron detenidos. Eso pasó todo el 10 de enero. De golpe llegó muchísima gente a la comunidad, y nosotros les pedimos que se acerquen a la unidad 14 de Esquel para saber de los detenidos. Sabíamos que estaban golpeados. A la lamién Ivana (Huenelaf) le habían quebrado la mano. Muchos se fueron a la ciudad, pero también muchos otros se quedaron en el campo. Y al otro día, el 11, pensamos que iba a ser una jornada medianamente descansada de todo lo que había pasado el día anterior, para conversar y ver cómo se iba a ayudar a la gente que estaba detenida. Pero a eso de las 6.30 de la mañana pasó una camioneta de Infantería como yendo hacia El Bolsón, y a la hora volvieron por el camino de El Maitén. Y ahí se bajaron y nos empiezan a disparar. Había varias personas en la guardia. Se escucharon los disparos. Había nenes que estaban jugando afuera, corriendo. Se escucha un disparo, y los nenes venían llorando y gritando que estaba la policía. Y quienes estábamos allí, lo primero que hicimos fue agarrar nuestras cosas y tratar de ir hacia arriba. Se empezaron a escuchar cada vez más disparos. Había unos cuatro efectivos de Infantería que ya estaban adentro. Nosotros respondíamos con piedras. Esto duró unos 20 minutos. Se escuchaba casi un tiro por segundo, por decir una cosa. Los tiros eran muchísimos. En un momento me agacho y siento un golpe en la cabeza. Yo tenía capucha y creo que eso fue lo que me salvó, para que el golpe no haya sido peor. Ese golpe fue muy grande e hizo que me cayera. Quedé muy mareado. En ese momento se me nubló todo y caí. Atiné a volver para atrás, me arrastré, me ayudó un peñi que tenía al lado, y cuando me alejé un poco y volví a estabilizarme, seguían los disparos. Seguí un poco más, defendiendo el territorio, para que no entren, y unos minutos después veo que la camioneta se empieza a ir, y me caigo al suelo. Los que estaban al lado mío me levantan y me llevan hasta la guardia. Ahí es donde lo veo a Emilio que ya venía tapándose la cara y chorreando sangre, porque ya tenía el impacto en su mandíbula. Era como un hueco en la cara, por el disparo.

¿Perdiste el conocimiento en ese momento?

Me costaba hablar. Yo todavía tenía la capucha puesta. Estaba muy alterado. Según me decían mis peñis, yo hablaba muy fuerte. Estaba como aturdido. Y me costaba quedarme quieto, no podía. Pasó un rato, me saqué la capucha, y vi que me chorreaba sangre por el oído. Me dolía muchísimo la cabeza. Pasaron aproximadamente dos horas. Yo no quería ir al médico. Al rato no podía coordinar las palabras, no podía hablar ni moverme, me dolía mucho la cabeza. Entonces la gente decidió trasladarme hasta el hospital. En la mitad del camino me descompensé. No sé qué pasó. Me desperté al otro día y estaba en el hospital de Bariloche, en terapia intensiva.

¿Qué consecuencias te quedaron?

Después de todo esto, fue muy difícil volver a ser la misma persona. Fue muy difícil para mi familia, también para mi pareja, que fue conmigo en la ambulancia, a quien le dijeron que no sabían si yo iba a llegar vivo a Bariloche. Siempre valoro la ayuda de quienes se movilizan y siguen apoyando porque entienden de la lucha que llevamos adelante y el compromiso que tiene uno con la lucha. Me costó mucho recuperarme. Hasta el día de hoy todavía me quedan algunas cuestiones que uno se las toma como normales. Todavía tengo mareos. En el lugar a donde recibí el disparo todavía tengo como una zona sensible, porque tuve un traumatismo de cráneo con pérdida del oído, perdí parte de la audición. Por eso digo que cuesta volver a ser la misma persona que era antes. Los mareos a veces me hacen perder el equilibrio. A veces parezco una persona que está recién aprendiendo a caminar. Pero a pesar de todo eso, yo me siento bastante firme de espíritu, porque sé que estoy haciendo las cosas bien. A pesar de todo lo que ha pasado y de todo lo que pueda llegar a pasar. Estoy convencido de que estoy haciendo bien las cosas y tengo en claro por qué estoy luchando. Con dignidad uno asume lo que tiene que asumir, y uno puede levantar la cabeza con la frente bien en alto y decir: "Yo soy mapuche, estoy luchando por mi gente y por mi territorio, y si es necesario acompañar a las comunidades que están en conflicto lo vamos a seguir haciendo".

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