Revista Cítrica

La cocina de una noche histórica


02 de diciembre de 2016

Revista Cítrica

Eva Losada, presidenta de la cooperativa del Bauen, narra las horas más largas y felices de su vida. Qué pasa ahora con la expropiación. La mano de Dios de los trabajadores autogestionados.

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“Ganamos loco, ganamos. Ganamos, ganamos. Estamos bajando”, les cuenta por audio de Whats App Federico Tonarelli, vicepresidente de la cooperativa Buenos Aires Una Empresa Nacional, a sus compañeros mientras baja por las escalinatas del Senado de la Nación. Son las doce de la noche del miércoles 30 de noviembre. Está emocionado. Son quince años de lucha: la expropiación del hotel Bauen ya es ley. Detrás suyo Eva Losada, la actual presidenta, corre para llegar a la calle: quiere llorar, gritar y abrazarse con sus compañeros. Es la primera vez en su vida que está en el Senado y nunca la olvidará: "Estábamos en una habitación donde había una pantalla gigante y una puertita que sí daba al recinto. Esperamos ahí, muy nerviosos. Parecía que ya no iban a llegar a tratar nuestro tema. Y fue como cuando Maradona metió el gol y dijo que vino la mano de Dios. A nosotros nos pasó lo mismo".

—Era muy negro el panorama.

—Sí, no la veíamos. El macrismo, obviamente, se oponía. Hasta lo último, incluso una vez que ya se había votado, entre gallos y medianoches, seguían protestando y diciendo que se tenía que volver a votar. No lo podían entender. Ahora tenemos otra pelea. Porque en los próximos días Mauricio Macri podría vetarla. Pero nosotros estamos más fuertes. No tenemos miedo en ese sentido. Ya vivimos tantas. Ya nos vetaron de la Legislatura porteña y sabemos con que personajes nos enfrentamos. Pero ahora para ellos sería ir en contra de la ley. Veremos, nosotros estamos muy contentos y fuertes.

—¿Qué cambia para ustedes con la expropiación?

—El cambio es que vamos a tener tranquilidad en trabajar. El edificio no va a ser nuestro. A nosotros no nos interesa el edificio, no peleamos por un pedazo de piedra. Peleamos por la fuente de trabajo. El hotel había cerrado, nos habíamos quedado en la calle y empezamos a surgir. El empresario se reía y decía que éramos unos negros, que estos patos no van a poder volar. Bueno, fuimos un ave fénix, que resurgimos de nuestras cenizas. Nadie pensaba que íbamos a levantar un edificio así, ponerlo en funcionamiento, darle su propia marca, su identidad, estar en el mercado, invertir. Nosotros invertimos mucho para seguir trabajando, porque hay cosas que se rompían. Ellos decían “eso es una toldería”. Nosotros reciclamos las habitaciones, hicimos un montón de cambios. Como el bar, que da a la calle, por ejemplo. Nos falta un montón, obviamente. Pero no pueden venir a decirnos como dijeron que éramos un grupo de izquierda que se juntaban para no hacer nada y que esto era un aguantadero. Ustedes lo pueden ver que están todos los días acá, que acá se trabaja, y mucho. Y sí, mucha gente nos ayudó y nos apoyó en estos años.

—¿Qué pasaba si no salía la expropiación?

—Nosotros no era que estábamos empecinados. Es que teníamos la espada de Damocles. La jueza nos llamó hace unas semanas y nos dijo que ya no había más que hacer y que se venía el desalojo. Vivíamos con una angustia todos los días. Para las fiestas siempre nos pasa lo mismo. Bueno, esta vez, vamos a poder brindar por la dignidad y la fuente de trabajo, no se puede pedir más.

—¿Cómo fueron los minutos después de la gran noticia?

—Muy emocionante. Aún no caemos. Por momentos lloramos, por momentos nos reímos. No podemos creer que no vamos a tener más al gobierno de la Ciudad encima y persiguiéndonos y con riesgo de clausura y desalojo. Estábamos como en un limbo, porque no éramos reconocidos legalmente. Sí por la gente pero no por las leyes. Bueno, ahora también en ese sentido, podemos decir acá estamos, somos alguien.

—¿Como se vivió en el hotel el minuto a minuto?

—Acá teníamos un evento muy grande, así que la mayoría se quedó trabajando y nos fuimos un grupito chico para  hacer el aguante. Yo no quería subir, me quería quedar con los compañeros abajo, pero me insistieron para que subiéramos. Cuando bajé fue una cosa de locos. Todos llorando, gritando, abrazándonos. De ahí vinimos para acá y brindamos, incluso con todos los pasajeros. No dormí nada. Llegué a mi casa como a las dos de la mañana. Y a la mañana teníamos la conferencia de prensa.

—Y la familia siempre firme.

—Sí, mucho aguante. Fuimos por todas las provincias llevando la historia del Bauen, qué era, por qué luchábamos, hablando con todos los funcionarios, con todos los políticos. La familia nos aguantó mucho. Siempre muy preocupados. Y nos aguantaron la mil y una. Y ahora no se acaba nada, para nosotros es seguir luchando, y seguir mejorando. Y queremos poner el hotel bien y abierto para todos aquellos que necesitan asesoramiento, que quieren formar una cooperativa.

—¿Son conscientes que, más allá de su victoria personal o colectiva, ustedes representan mucho para el resto de los compañeros cooperativistas?

—En ese sentido, nosotros no somos militantes políticos, al menos yo. Soy una militante laburante que empezó por la necesidad del trabajo. No me quedaba otra, al ver a mis compañeros de más de 50 años, sin entrada de dinero laboral. Yo estaba trabajando bien, me habían ascendido. Estaba como ama de llaves, y me habían puesto en otro hotel de cuatro estrellas. Y esto (el Bauen) estaba todavía en veremos. Y por eso mi familia a veces no entiende mucho el proceso. Es como que uno hace un click. Y a veces es difícil que el resto de los compañeros también tengan ese click. Y una tiene que predicar continuamente, no es fácil.

—Es el hecho de poner el cuerpo…

—Sí, no es fácil. A veces uno ve cosas y tiene que estar diciendo mil veces lo mismo. Y a veces hay que insistir porque el compañero lo necesita, porque todavía no hizo ese click de que el patrón no está más.Que no está esa persona que lo dirige a uno.

—Eso parece difícil, es un desafío para todos los cooperativistas…

—Es un desafío que a veces termina desgastando, y se fracasa en ese sentido. No toman conciencia de en qué lugar están. Por algo está el estatuto, y por algo están los derechos y las obligaciones de los asociados. Eso hay que hacerlo ver, que cada uno tiene sus derechos y obligaciones; y no es solamente tener derechos. También tenés obligaciones: la hora en que tenés que venir, y la hora de salida, que a veces, si pasa algo con la cooperativa, no tenés horario de salida. Es un desafío muy grande el que uno da. Pero el cooperativismo es muy rico, pero también es muy sacrificado.

—¿Parece que no es para cualquiera, no?

—No es tan fácil. A veces desde afuera nos dicen: ¡mirá qué bueno, son cooperativos, mirá qué bien, cómo se organizan! Pero tenés que estar adentro para después poder evaluar. Porque es muy difícil. Nosotros tuvimos que hacer como una suerte de depuración, porque hay diferentes personas y no todos pensamos lo mismo. Para ser cooperativista no tenés que tener ambición por el dinero, sino ambición por crecer, todos juntos, y que si vos tenés un conocimiento, compartirlo. Sinceramente es por eso que lo siento tan adentro, aprendí muchísimas cosas y sigo aprendiendo, porque me sigo capacitando. Es la única forma para poder crecer, para poder llevarle a voz a los compañeros y explicarles cómo nos tenemos que dirigir. Tenemos que tener convicciones, y demostrarlas. Todos podemos pensar diferente pero hay una cosa que nos une: el trabajo. Y lo nuestro es sacar adelante esta fuente de trabajo y llevarnos dignamente el pan a nuestras casas.

—¿Cómo fue el festejo en la intimidad de tu casa?

—Anoche, mi familia no lo podía creer. Porque ellos vieron todo el proceso personal. Lo que era antes, lo que fui cambiando, la forma de pensar y de actuar. Antes cuando yo veía que otros cortaban la calle, pensaba: “estos cortan, no tienen nada que hacer, y yo tengo que ir a fichar”. Y después, cuando te toca estar del otro lado, uno se da cuenta que, a pesar de que no nos gusta cortar la calle, hay que hacerlo, para que se escuche nuestra voz.  No nos queda otra manera. Es al revés, los que están arriba nos obligan a cortar la calle, para que nosotros podamos ser oídos. Entonces uno ve la forma en que cambió de pensamiento, en todos estos años. He aprendido mucho. Hay otros compañeros que ya no están porque se fueron, otros fallecieron, otros quieren venir pero el cuerpo no les da y casi no pueden ni moverse porque son mayores y están jubilados, por ellos peleamos.

—¿Cuál es tu actividad en el hotel?

—Durante la semana estamos con el tema administrativo, tenemos libros de actas con los datos de dinero que deja cada cajero, las planillas correspondientes. Todos los tickets tienen que coincidir, y cualquier compañero puede ver estos libros, no hay ningún problema. Además tratamos otros temas como inversiones, cosas de urgencia, solucionar otros cuestiones. Ver el dinero que tenemos; ahora que viene fin de año proyectamos el tema de las cajas navideñas y demás. Y después, los sábados me ocupo de lo que es “piso”. Llevamos las ropas al lavadero, estoy en la cocina, donde haga falta. Estamos en contacto de compañero a compañero. No es que uno tiene un equis nivel porque está dirigiendo la cooperativa. No. No somos de otra clase. Estamos todos en la misma, laburando a la par. Creo que el mejor remedio para los compañeros es hacer, para que nadie diga que una ya no hace las cosas por estar en la parte administrativa. A veces, los fines de semana nos juntamos a conversar, a debatir cosas. Hacemos un concejo ampliado, conversamos con los compañeros, y hablamos de todo lo que ocurre en el hotel. Desde el gobierno se la pasan diciendo que “sí, se puede”. Ellos lo dicen pero no lo ponen en marcha. El macrismo habla de la inflación, decían que lo iban a resolver¸ pero evidentemente no pueden hacer nada. En ese sentido, nosotros decimos al revés: nosotros lo demostramos, y no solamente lo decimos. 

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