Revista Cítrica

La calle no es mi casa


31 de agosto de 2016

Mariana Aquino

El Centro Integral Monteagudo trabaja con 200 personas en situación de calle en la Ciudad de Buenos Aires. Cada vez hay más demanda de cama y comida, y el presupuesto no alcanza.

Crédito: Federico Imas
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“Nadie elige estar en la calle y le puede pasar a cualquiera. A mí me pasó y salí, estoy acá. Zafé”. Así lo dice, casi como una advertencia, Daniel Giménez, director del Centro Monteagudo de Parque Patricios. Allí se recibe durante las 24 horas a doscientas personas: techo, comida, asistencia psicológica y la esperanza de que no todo está perdido.

La situación de calle es un estado. Como estar en situación de country o tener de situación un auto de alta gama. Son necesidades diferentes. La situación de más de 18 mil personas, al menos en la zona metropolitana de Buenos Aires, es la calle; y la necesidad es un techo donde pasar las noches. Porque cuando cae la tarde no tienen que cargar la Sube ni tomar el bondi porque no tienen una casa adonde ir. Muchos/as de ellos/as perdieron a sus familias incluso, otros/as tantos/as viven en la calle con bolsos e hijos/as a cuesta. 

Para hacer un poco menos dura esa realidad existen lugares como el Centro de Integración Monteagudo. Diariamente, duermen en el hogar de Parque Patricios al menos 115 personas y 60 más pasan por alguna de las cuatro comidas. La cama que tienen designada allí es el sitio que más huele a hogar para esas personas. 

“Cada vez tenemos más demanda. Últimamente hay más gente en la calle y acá la recibimos: familias enteras, parejas jóvenes y chicos. Gente que se ha quedado sin trabajo en estos últimos meses, no puede pagar el alquiler y va a parar a  la calle. Acá la gente puede venir cuando lo necesite. No vamos a dejar tirado a nadie pero nos cuesta mucho sostener todo esto”, reconoce Daniel.

Según un relevamiento anual de Médicos del Mundo, hay 18.500 personas en situación de calle en la Ciudad de Buenos Aires. El 30 por ciento de ellas, asegura el informe de la organización, está indocumentada; lo cual complica el acceso a cualquier tipo de beneficio social de parte del Estado. Estos datos toman mayor relevancia al considerar que hasta 2015 eran 16.753 las personas durmiendo en la calle. Cada vez son más.

Semanas atrás el jefe de Gobierno de Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, descartó un incremento en la cantidad de personas en situación de calle. Dijo que la “problemática” afecta  solo a 875 personas.“Hay gente con problemas psiquiátricos, adictos y gente que no confía en el Estado. Y hay gente que a veces no quiere irse y por la fuerza no se la puede llevar”, evaluó en un programa televisivo. Sin embargo, para las organizaciones como Médicos del Mundo o Proyecto 7, son casi 20 mil.

“Tenemos casos de familias enteras que se quedaron en la calle por no poder pagar el alquiler, chicos en edad escolar que están viviendo debajo de la autopista. Con lo que aumentó el costo de vida y la falta de trabajo, una familia no puede pagar los gastos, la comida ni el alquiler, van a parar a la calle. Y la calle no es un lugar para vivir, nadie desea estar ahí”, asegura el director del hogar impulsado por la ONG Proyecto 7.

El Monteagudo antes era un parador del gobierno de la Ciudad, donde las personas ingresaban a las 3 de la tarde y a las 7 de la mañana tenían que irse nuevamente a la calle. Ahora está abierto las 24 horas. Más de 400 personas pasaron por el centro en estos cinco años, y se fueron al encontrar una casa donde vivir. Daniel dice que el objetivo es que las personas se reinserten en la sociedad: “Tratamos de conseguirles una casa para alquilar, un trabajo y que recuperen a sus familias. Muchas veces la calle te aleja de tus seres queridos.”

Con un presupuesto mínimo -otorgado por el gobierno porteño a través de un convenio- costean los gastos de mantenimientos básicos (insumos y sueldos del personal) pero no les alcanza. “Depositan con algo de demora así que andamos contando las monedas a fin de mes”, se lamenta Daniel.

“Nunca se sabe cuándo podés terminar en la calle. Acá tuvimos profesionales y gente con un buen pasar económico, a la que se le dio vuelta todo porque no tenían dónde vivir. Yo estuve en la calle y gracias a este lugar pude recuperar a mis hijas y encontrar una compañera. Este lugar me devolvió todo. La dignidad de un trabajo, un techo y reencontrarme con mi familia”, celebra Daniel.

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