Revista Cítrica

La inseguridad de los pobres


12 de septiembre de 2013

Revista Cítrica

Kevin, de 9 años, murió en Zavaleta después de un tiroteo, pero el llanto de su familia no trascendió en los medios. Los muertos noticiables, entre la doble moral del periodismo y los tiempos electorales. Editorial del compañero Mariano Pagnucco, en La Marcha.

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Cuando se escucharon los primeros tiros en la casilla de al lado, Kevin y sus hermanos dormían. Eran las seis de la mañana del sábado. Los otros vecinos de la tira 6 del barrio Zavaleta también se sobresaltaron. Kevin se refugió debajo de una mesada. Alguien les avisó a los agentes de Prefectura lo que estaba pasando: Prefectura no intervino. Más tarde, hubo otras dos ráfagas de disparos. Kevin, de 9 años, murió en su casa.

En el barrio Zavaleta, al sur de la Capital Federal, hay dolor e indignación. Se percibe en la cara de Neli, la responsable del comedor Evita, donde Kevin y sus hermanos concurrían a diario. También en las palabras de Miguel, un vecino, que dice con resignación que “de los muertos de acá nadie se entera”. Kevin era el sobrino de Paola, una de las integrantes de La Garganta Poderosa, la revista de cultura villera que el sábado a la tarde publicó en internet su bronca: “Toda Zavaleta está destrozada, llorando sangre y sintiendo que nada sirve para nada, que podemos marchar a Tribunales o explotar en las redes sociales, pero seguiremos siendo ‘los marginales’. ¿O van a decir que acaso fue un caso aislado? ¡Qué quilombo armarían si hubiera pasado en otro lado!”.

Mientras la agenda mediática instala el régimen penal juvenil y un nuevo despliegue de fuerzas de seguridad como temas urgentes, en los barrios de los pobres la muerte y la inseguridad no entienden de tiempos electorales: conviven con la gente todos los días. Se dijo, sobre la causa del tiroteo que se llevó la vida de Kevin, que fue un ajuste de cuentas entre narcos. “Los narcos no viven en la villa, sin agua ni luz, a lo sumo son los perejiles que trabajan para ellos y apenas sacan unos pesos”, dicen desde La Garganta. ¿Y Prefectura y las otras fuerzas que se multiplican por Zavaleta, qué rol cumplen? “A Prefectura no le importa -explican-, ellos sabían lo que estaba pasando y liberaron la zona. Lo que hacen es ir a buscar los cuerpos después; sólo que esta vez era el cuerpito de un nene de 9 años”.

La omisión de cuidado no es el único problema que afecta a Zavaleta, también está la omisión de los medios. Ni los canales de mayor rating, ni las radios con más audiencia, ni los diarios de mayor tirada replicaron la noticia que difundió La Garganta Poderosa, tal vez porque hay muertos más noticiables que otros. “Pero los editores de los diarios, para lavar culpas, enseguida pegaron en sus muros personales de Facebook lo que publicamos nosotros”, cuentan en la revista. Entrado el lunes, cuando la morgue seguía con el cuerpo del chico en su poder, sí hubo un llamado a la redacción de la publicación villera: “Eran los de Tiempo Argentino, que como tenían un fotógrafo cerca querían venir a cubrir la noticia”. Ese día, a unas cuadras de Zavaleta, la Presidenta de la Nación inauguraba la Casa de la Cultura en la villa 21.

La familia de Kevin pudo despedirse de sus restos el lunes a la noche. Durante el velorio, amigos y conocidos intercambiaron llanto y silencio. Nadie quiso hablar de las circunstancias del hecho que también dejó a uno de sus hermanos herido de bala, ni de la no-actuación de Prefectura. El ajuste de cuentas, el vecino preso que se vengó a los tiros, las vainas desparramadas en el piso de la casa de Kevin y el celular que le desapareció a su mamá durante el operativo posterior, quedaron como detalles oscuros de la tragedia mayor.

Antes de llevarlo al cementerio de Flores, hubo una procesión hasta la plaza donde el nene iba a jugar: la Plaza Kevin, bautizada en honor a otro nene, como él, víctima silenciosa de la inseguridad que padecen los pobres.

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