Revista Cítrica

El zorro cuidando el gallinero


06 de noviembre de 2017

El ingeniero agrónomo Raúl Enrique Bottesi explica qué significa para la agroecología y la soberanía alimentaria el nombramiento de Luis Miguel Etchevehere -presidente de la Sociedad Rural Argentina- en el Ministerio de Agroindustria.

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 Por Raúl Enrique Bottesi (*)

El nombramiento de Luis Miguel Etchevehere a cargo del Ministerio de Agroindustria, no es más que una demostración de coherencia política y de ideología por parte del Gobierno Nacional, que conduce Mauricio Macri. Sin embargo, creo que más que juzgar a una persona o pensar que Etchevehere tiene determinada forma de actuar, prefiero juzgar esa decisión a través de lo que significa la Sociedad Rural Argentina a cargo del Gobierno y de un ministerio.

La Sociedad Rural fue protagonista de numerosas acciones en la historia de este país, las cuales tuvieron que ver con muertes y represiones muy fuertes. Sin ir más lejos, está lo que ellos llamaron "Conquista del Desierto", que fue una masacre nunca juzgada ni reconocida por los distintos gobiernos. Esto hizo que se comenzara con la cuestión de la oligarquía terrateniente en un país donde -después de esta campaña- 344 familias se quedaron con 11 millones de hectáreas.

De todas esas tierras, unas 2,5 millones quedaron en manos de la familia Martínez de Hoz. Entonces, darle a la Sociedad Rural Argentina el control de la política pública y de la tierra -específicamente-, es retrotraer las cosas al menos hasta el año 1940, cuando entonces también la Sociedad Rural Argentina manejó el Ministerio de Agricultura.

Seguramente, tras la designación de Etchevehere, todas las cuestiones que tienen que ver con la tenencia de la tierra y su uso social no van a ser tema de debate. El poder que tiene este sector sobre la tenencia y sobre la tierra misma, hace que los pequeños productores permanezcan prácticamente en ese lugar a donde ellos quieren que estén: el de la no visualización, el lugar de no pertenecer a la economía. Esto lo están demostrando anteriormente a la designación de este ministro, con el desmantelamiento de la Secretaría de Agricultura Familiar.

La agroecología, o la producción tradicional de alimentos, va estar totalmente desprestigiada, porque van a tratar de fortalecer los lazos con el exterior y  favorecer la agroexportación.

Ahora salió el decreto 330 de 2017, se publicó en el Boletín Oficial el primero de noviembre. Ahí se reglamenta con muchísimas trabas al accionar de la agricultura familiar. No pueden colocar sus productos en diferentes mercados, con exigencias que son dificilísimas de cumplir.

Esto es una continuidad de la aristocracia en los gobiernos, no sólo por lo que hizo Martínez de Hoz. La Sociedad Rural Argentina fue servil a la dictadura militar; Martínez de Hoz fue Ministro de Agricultura durante ese período. Entonces, vamos a volver a tener esta admiración que la aristocracia siempre tuvo para con los países de Europa, y ser serviles a ellos. Así los ve Etchevehere. Para fortalecer estrategias de exportación hacia esos países. Esto tendrá que ver con lo que puedan aportar los grandes ganaderos y grandes productores, para poder satisfacer las exigencias de esos mercados.

Les van a dar una mano a todas las multinacionales que nos están vendiendo los venenos para que se pueda producir lo que ellos desean, con el objetivo de que esos venenos que echan en las plantaciones vayan disminuyendo cada vez más la mano de obra que necesitamos para producir.

Este modelo agroexportador, de agricultura extractivista y ganadería súper intensiva, va a estar ultra aumentado en su desarrollo debido a que esa es la creencia de este sector, para que se puedan producir los pseudo alimentos que ellos fabrican. Quienes trabajamos con la agricultura familiar sabemos positivamente que el 60% de nuestra mesa diaria la sirven los pequeños productores; y el porcentaje restante lo hacen los grandes productores.

El 20% del total de la tierra está en manos de los pequeños productores, que son quienes nos dan ese 60% del alimento que va a nuestras mesas. Todos los representantes de la Sociedad Rural Argentina, de CRA, de la Federación Agraria, etcétera, cuentan con el 80% de la producción total de las tierras envenenadas.

También cabe resaltar que nos dan el 30% de la producción de lo que nosotros comemos en nuestra mesa, explotando el 80% de la tierra disponible. Claramente, es una relación de poder muy importante. Y que va a estar sumamente intensificada a partir de estas decisiones que están tomando estos gobiernos neoliberales.

Estas decisiones que se están tomando nos alejan cada vez más de las concepciones sobre soberanía alimentaria. Y hablar de soberanía alimentaria es también hablar de una distribución equitativa de la tierra, es poder hablar de una reforma agraria. O de que los campesinos -o los futuros campesinos- puedan tener acceso a la tierra, producir, y tener su lugar de vida. Un espacio para vivir con su familia, solucionar sus problemas habitacionales, tener saciada su necesidad alimentaria, porque el pequeño productor genera para propio consumo y el de su familia, y además vende lo que le sobra. De esa manera va alimentando a los ciudadanos de las grandes ciudades.

Es decir, que todas estas decisiones tienen mucho que ver con el desarrollo propio de los pueblos. Tiene que ver con aquello que los ciudadanos de un país quieren para ese país. Estas decisiones nos alejan cada vez más de aquello que los pueblos quieren. Y no es más que una decisión meramente política, con el objetivo de beneficiar a unos pocos, en detrimento de la mayoría del sector agropecuario, el cual también es conformado por los peones rurales, quienes cada día están peor.

 

(*) Ingeniero agrónomo, docente, egresado de la Universidad Nacional de La Plata con postgrados en Desarrollo rural, humano y agroecológico.

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