Revista Cítrica

“No sé que más quieren de nosotros”


21 de septiembre de 2017

Entrevista realizada por FM Alas a Rogelio Fermín, de la comunidad Vuelta del Río. El incendio de anoche de sus viviendas, la violencia en el operativo del lunes, el encuentro con el juez Otranto y el recuerdo de los abusos contra su madre y sus abuelos.

Foto: Gustavo Zaninelli
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Buen día, Rogelio.

Decir buen día es una forma simbólica. No la estamos pasando para nada bien. Toda esta situación que está viviendo la comunidad, de tantos días sufriendo hostilidad. Ayer nos manifestamos en el juzgado federal de Esquel. Fue en el marco de que nuestra gente fue esposada. En la Comunidad Vuelta del Río, fuimos esposados, maltratados, hubo torturados y golpeados. Por eso fue que fuimos a ver al juez Guido Otranto a Esquel. Él fue quien ordenó este procedimiento.  Ante el juez le expresamos el miedo que nosotros teníamos de que volviera a pasar esto, el miedo de que un integrante de nuestra Comunidad pudiera ser desaparecido, o que nos pueda pasar algo andando en el campo. Otranto nos dijo que nada de eso iba a pasar. Pero lo cierto es que, horas después, ya retirados de Esquel y volviendo a nuestra Comunidad, nos enteramos que había habido un incendio en una vivienda de un peñi de la Comunidad. Fue más que un incendio, fue un atentado contra el domicilio de un peñi y a nuestra Comunidad. La casa de Marcelo Calfupan quedó prácticamente destruida por las llamas. Esto fue entre las 19 y las 20. La Comunidad se va a reunir para decidir cuáles serán los pasos a seguir, y hemos decidido que hasta que no hablemos con todos los integrantes, no vamos a dejar entrar a ningún efectivo de la policía a hacer investigaciones adentro de nuestro territorio. Es por miedo a que todo el rastrillaje que se haga pueda salir mal, o que nos puedan plantar pruebas, y tenemos sobradas razones y motivos para decir esto. Esta persecución, como tantas veces lo han hecho, con la intención de meternos miedo, de hacernos callar, de quedarnos humillados en nuestro territorio, el Estado argentino se tiene que dar cuenta que esto nunca va a pasar. Nunca nos vamos a callar. Somos una cultura preexistente al Estado Argentino. Vamos a resistir todo tipo de accionar en nuestro territorio. Nuestra resistencia va a ser tan fuerte que, si hay que dar la vida por esto, lo vamos a hacer.  Y no vamos a permitir que ningún latifundista o terrateniente nos venga a intimidar, a querer correr, o amedrentarnos en nuestras casas, incendiarlas. ¿Qué más podemos esperar del Estado, con este aparato represivo en todo este operativo que ellos mismos han generado? El Estado, Gendarmería y el juez Guido Otranto generaron esto que nos pasa. Necesitamos hacernos oír para que se sepa lo que ocurre. Vamos a seguir resistiendo, difundiendo y hablando de toda la situación que se está viviendo n la Comunidad de Vuelta del Río.

¿Qué sensación se llevaron del encuentro con el juez Guido Otranto?

El pueblo mapuche tiene un compromiso con la palabra. De esto que pasó lo responsabilizamos al señor Guido Otranto. Le dijimos que nosotros somos gente de palabra. Le damos respeto y valor a la palabra. Pero vemos que no es así, con lo que pasó. Nos dijo que la Comunidad de Vuelta del Río no estaba bajo sospecha, que no iba a sufrir ningún tipo de agresión ni persecución. Con más razón sentimos miedo. De que nos planten pruebas, de que nos torturen como ya lo hicieron, que nos sigan torturando, que se sigan quemando casas, y este es el Estado que tenemos. Es el Estado Argentino contra el pueblo mapuche preexistente a este Estado. Estos son los resultados por luchar, por defender nuestro territorio, por no pensar en extraer el oro, por no explotar la riqueza que hay en nuestra tierra. Nosotros no pensamos en eso. Pensamos en cuidar, en vivir en armonía con la naturaleza. Y esto resulta que, para el Estado, para los grandes monopolios que tienen grandes intereses en estos espacios territoriales, no lo piensan así. Entonces, cuando ven esta riqueza que hay en nuestro espacio, claramente, las comunidades son las que más la padecen y la sufren. No tenemos ni el más mínimo compromiso de las autoridades para sentarse a dialogar, hacer una reivindicación histórica, pensar en lo que ha sido y lo que dejó la mal llamada Campaña del Desierto. Hoy, en 2017, seguimos hablando de incendio de viviendas.

Un informe oficial de la Policía de Chubut desmintió lo del incendio. Así lo afirman desde la Comisaría de El Maitén.

Claramente, cuando no hay intención de encontrar algo, no lo encuentran. Es así. Las fotos son claras. El hecho está confirmado. La policía también decía que en Vuelta del Río estaba todo tranquilo, y este lunes que pasó maniataron gente, los torturaron, y en la noche de ayer incendiaron una vivienda. Parece que está todo bien para las autoridades de El Maitén. Pero nos están persiguiendo, hostigando, intimidando, no sé qué más quieren de nosotros.

La noticia circuló rápidamente…

Sí, y es categórica la solidaridad de la gente que se está acercando a la comunidad en este preciso momento. Hubo muchos medios que nos han llamado, y les hemos contado lo que está pasando. Es una barbaridad que digan esto desde El Maitén, que está a 30 kilómetros de acá. Uno no lo puede creer. Pero ¿qué más podemos esperar, cuando tenemos una multinacional como Benetton, rodeando a este pueblo? Ayer, para ir a Esquel, tuvimos que salir antes de las 4 de la mañana. Y después, eran las 4 de la madrugada del otro día, y no podíamos recostarnos siquiera, con lo que pasó. Hemos pasado el día y la noche de ayer, prácticamente andando. Charlando con la gente, preguntando qué íbamos a hacer, qué decisión iríamos a tomar. Cuando me llegó la información, sentí revivir aquel intento de desalojo durante 2003. Mi mamá me contó su primer desalojo, que ella lo vivió a los 11 años, junto a sus padres y hermanos. En 2003 la padecimos nosotros, junto a ella, yo tenía 17 años. Es la realidad que uno tiene de la historia. Es una sensación de bronca e impotencia la que uno siente. La Comunidad Vuelta del Río nunca ha tenido lo que el Estado Argentino llama Justicia, nunca. Por años, la sufrimos, la padecemos, y aún así, resistimos a todo tipo de atropello y amenaza. 

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