Revista Cítrica

"El cooperativismo es una herramienta del futuro, no del pasado"


22 de agosto de 2017

Maxi Goldschmidt

Presidente de la CNCT, presidente de Fecootraun de Florencio Varela, pero por sobre todas las cosas, laburante. Revista Cítrica compartió una extensa charla con Christian Miño, referente ineludible del cooperativismo en Argentina.

Crédito Diego Pintos / Revista Cítrica.
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"Creo que somos un sector muy débil, demasiado. Y no lo planteo desde el lado en el que nos dicen que nosotros existimos gracias a la teta del Estado. La mayoría de las empresas del país tienen una dependencia del Estado. Y no sólo las constructoras, todas. Hasta el campo vive del Estado. Hay una empresa cooperativa, que es la que preside a Fecootra. Está en Villa Constitución. Ellos hacen un trabajo tercerizado de Siderar. Los asociados retiraban 50 lucas por mes. Y ahora la política del Estado cambió. Empiezan a importar. Y estos son los primeros que dicen que "nosotros tenemos que dejar de tomar de la teta del Estado". Cambió la política económica y hoy están hechos mierda".

Así es Christian Miño, de frases y pensamientos directos al hueso. Sin vueltas. El presidente de la CNCT (Confederación Nacional de Cooperativas de Trabajo) y de Fecootraun (Federación de Cooperativas de Trabajo Unidas, que aúna a 20 cooperativas, con más de 900 socios) lo dice desde la experiencia pura que le dejó, en sus apenas 39 años, el trabajo cooperativista en el terreno mismo de la lucha diaria.

Fue presidente de la CNCT con apenas 32 años, y de Fecootraun con sólo 25. Para Miño, todo comenzó el 25 de mayo de 1978 en Florencio Varela, en el Hospital Boccuzzi, "que no existe más". Nicolás Boccuzzi fue un médico de Florencio Varela que participó activamente en la desesperante época de la fiebre amarilla. Y Varela fue uno de los distritos que se generó por causa de esa enfermedad.

Hasta los nueve años vivió en el barrio La Colorada Oeste, a unos 7 kilómetros del centro de Florencio Varela. "Mis viejos se conocieron en ese barrio, mis dos abuelos también vivían ahí. Estaban a dos cuadras de diferencia. Mucha de mi familia sigue allí. Fui a la primaria en la escuela pública número 3, y después me mudé a otro barrio, a seis cuadras de la cancha de Defensa y Justicia, en el barrio La Esmeralda". Y allí vivió hasta los 21.

Entre mate y mate, Miño rememora sobre la vida de sus padres, también arduos luchadores de la vida diaria, quienes le inculcaron la cultura del trabajo. "Mi vieja, Inés Sosa, llegó a Varela a los 17 años; ella era de Viale, Entre Ríos. Vino con mi abuela. Toda la vida fue ama de casa, hasta hoy, que está jubilada. Tiene el apellido de la madre porque el padre era sirio libanés, y nunca se hizo cargo, ni de mi vieja ni de mi tío Antonio. Y mi abuela, cuando ellos eran chicos, se vino a vivir a Varela, y los abandonó. Mi vieja se quedó con su bisabuela, con 13 o 14 años. El padre, un día se subió a un micro, dijo que ya venía, y los abandonó. Mi tío se crió en la calle. Y mi vieja con su bisabuela, en una casa de barro, en una familia muy pobre".

Sin embargo, ante tanta penuria, pareciera que la vida siempre encuentra la vuelta para mostrar un vaso medio lleno. "Salió una linda experiencia de eso, porque mi mamá tiene tres hermanos por parte de padre, y hace dos años los conoció. Mi vieja ahora tiene 66 años, y al padre lo conoció cuando murió, hace unos 5 o 6 años. Nosotros somos 7 hermanos, y hace poco nos fuimos todos a Viale, a conocer a mis tíos, por parte de mi vieja".

Miño cuenta además que conoció el arte y las mañas de ser trabajador de la construcción a través de su padre y de su abuelo paterno, de quién también aprendió a entender e interpretar a la política. "Mi viejo se llama Miguel Ángel, trabajó en la construcción toda su vida, y también hizo política. Mi abuelo Pedro Miño fue concejal en el distrito, en los 70, por el peronismo; y mi viejo empezó a militar cuando volvió la democracia en el 83. De hecho, mi viejo trabajó en crear las primeras listas del peronismo en Florencio Varela. Siempre fue militante de barrio y trabajó en la construcción. Igual que mi abuelo".

-¿Y a vos cómo te llegó la política?

-A los 14 años. Estaba Menem de presidente, que era peronista, entre comillas. Se generaban discusiones en mi casa porque mi viejo es un peronista estructurado, que dice que “el que gana conduce”, y lo idolatraba al por entonces presidente. Y yo decía que era un hijo de puta, que estaba destruyendo la producción, el trabajo, la escuela pública. Eran discusiones buenas, que me abrieron la cabeza. Siempre hablo con mis hijos y les digo que lean mucho, que estudien, que vean la realidad, que no solamente es lo que se ve en los medios de comunicación. En ese momento yo iba a una escuela secundaria técnica pública, y estaban tratando de eliminar a las escuelas técnicas. Y de hecho lo terminaron haciendo.

"Después de lo de Menem, terminé el secundario en la Escuela Técnica número 2 de Varela -recibido de maestro mayor de obras-. La escuela era bastante marginal. Le decían el Gran Chaparral, porque era de chapa verde. Eran escuelas provisorias, y quedaron por 20 años. Creo que era del año 76. Estaba tan deteriorada que los días de mucho calor no teníamos clase porque no se podía estar adentro, y en los días de lluvia entraba agua por todos lados o se cortaba la luz, porque la instalación eléctrica era vieja", recuerda Miño.

Después de recibirse como Maestro Mayor de Obras, empezó a cursar arquitectura en la Universidad Nacional de La Plata, fecha para cuando tuvo, junto a su pareja, su primera hija. Corría 1999,  tenía trabajo, "eran los peores años de la historia de nuestro país". Miño trabajaba como podía, hacía changas de albañilería, a pesar de que su título le daba para subir algún escaño, junto a sus matrículas de electricidad, gas, y poder dar clases como instructor.

"Los pocos mangos que hacía los usaba para poder darle a mi hija Belén, la leche que precisaba, porque no podía tomar leche de teta. Tomaba una leche en polvo que se llamaba Nam-1. No me olvido más de ese nombre. Con lo que ganaba le compraba esa leche, pañales, y unas galletitas que costaban 1 peso. Y con eso y mate, junto a mi mujer de entonces, la piloteábamos", explica.

La vida era: trabajar, volver, colarse en el tren hasta Berazategui, colarse otra vez en el tren hasta La Plata, ir a la facultad, volver, llegar a la 1 de la madrugada, tratar de dormir un poco, y a las pocas horas, volver a empezar. "Llegó un momento en el que no pude más. Arquitectura es una carrera muy cara, en la que hay que usar muchos insumos. Una vez tenía que dar un parcial, y no me alcanzaba para comprar un papel manteca. Me calenté y dejé. Hasta el jefe de cátedra llamó por teléfono a casa diciéndole a mi vieja que no dejara. Pero no podía seguir así".

Corría el 2001, y durante todo ese proceso, años en los que se vivía sobreviviendo, se luchaba con changas, "hasta que en mayo de 2003, cuando asume Néstor, una de las primeras medidas que toma es la de hacer cooperativas de trabajo. Y estuve dentro de las primeras cooperativas que se arman, en las que empezamos con la capacitación, en junio de 2003. Las primeras cooperativas que se armaron fueron en Florencio Varela, en el barrio Ceballos".

-¿Ya estabas militando?

-No. Después de Menem no quise saber más nada. Me la pasaba todo el tiempo puteando a la política. Laburábamos porque estábamos cagados de hambre.

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Los nuevos cooperativistas arrancaron las capacitaciones en medio de un país que estaba arrasado. "En muchas discusiones que se daban con el Municipio o Nación, me puse al frente yo, junto con algunos compañeros. Por ponerme al frente de todas esas peleas, les dieron el anticipo financiero a todas las cooperativas, menos a la nuestra. Yo les decía: 'Ustedes no nos tienen que dar una pala y un trompo, nos tienen que dar 5 mil pesos. Es lo que dice el convenio acá, para que compremos herramientas nosotros'”.

¿Qué tenían que hacer las cooperativas? Nada menos que cuatro viviendas completas, por cooperativa. De esas, la mitad quedaría para los asociados y las otras debían ser entregadas al Municipio. Por cada vivienda, las cooperativas recibían 25 mil pesos, entre materiales y mano de obra. Había compañeros que cobraban un programa que se llamaba Jefas y Jefes de Hogar. Eran 145 pesos. Y cuando cada cooperativa certificaba lo realizado cada mes, cobraban unos 250 pesos por cada trabajador. Es decir, unos 400 pesos en total.

"Y fuimos la cooperativa más ordenada con el tema de la plata. Los más prolijos. Hicimos las 4 viviendas en 4 meses y nos llevamos 400 pesos cada uno. Que para nosotros era mucha plata", recuerda Miño. "Una vez que terminamos eso, nos quedamos cubriendo las viviendas porque las querían usurpar. Todas las cooperativas arrancaron el 1 de enero, pero a nosotros no nos dieron el anticipo. Nos lo dieron faltando doce días para el primer certificado. Hablé con todos los compañeros y les dije: “muchachos, esto es así, nosotros recibimos el anticipo ahora. Hay que terminar primero y bien.  Y al que termina las primeras 4 viviendas, les dan dos más”. De las 50 cooperativas que había, arrancaron 47. Con los 16 compañeros que teníamos, laburamos hasta las 12 de la noche, Semana Santa, feriados, y terminamos primeros. ¡Y habíamos recibido el anticipo treinta días más tarde que los otros!".

Los compañeros de la Cooperativa "Reconstruir", así el nombre con la que se la bautizara, empezaron a rodar los nuevos e inexplorados senderos. "Le puse así porque lo que estaba haciendo el kirchnerismo era una reconstrucción social. Y además se relacionaba con la actividad de la cooperativa".

"Nosotros terminamos las viviendas, las seis, y estábamos parados. Busqué un teléfono del Ministerio de Planificación, y llamé, a las siete de la tarde. Me atiende un tipo que era asesor de López, el Secretario de Obras Públicas. Le dije que lo llamaba desde Varela, que habíamos terminado un barrio, que hacía 4 meses que estábamos parados. Y me dice: “Voy para allá”. Al otro día vino a ver la obra, y los cagó a pedos a los de la Municipalidad. Y ahí empecé a pensar: “estos tipos no son lo mismo que los de antes”. Nosotros habíamos vivido la época del neoliberalismo, y los funcionarios del menemismo eran empresarios, no atendían a nadie, y menos a gente marginal como nosotros.  Yo laburaba de 7 a 17 con la obra, y una vez que terminaba, recorría todas las cooperativas que estaban trabajando en el mismo barrio, les revisaba el certificado,  les miraba la obra, cómo iba, y empezamos a hacer relaciones con todos. Y a determinados sectores de la política del distrito no les gustaba, porque no querían que nos organizásemos".

Las 20 cooperativas de la zona se juntaban en una casa, para discutir y organizarse. Fecootraun tiene matrícula desde 2006, sin embargo ya funcionaba como tal desde 2004. Y cuando había que hacer un reclamo a la Municipalidad, las cooperativas de la zona iban  todas juntas. Si no cobraba uno, iban a hacer el reclamo en conjunto. "Tuvimos la experiencia que el certificado -para la época de las Fiestas- no aparecía". Se acercaba el 22 de diciembre, y los cooperativistas hicieron una sentada hasta que apareció el Secretario de Obras Públicas. “Nosotros laburamos, queremos que nos paguen”, le dijo Miño. Ante lo cual, el funcionario sostuvo que no llegaba para pagarles a todos. Y Miño arremetió: “Nosotros somos 20 cooperativas, pagale a 10. Nosotros nos arreglamos, y después de las fiestas le pagás a las otras diez”.

Esa fue una de las primeras actividades que los cooperativistas de Florencio Varela llevaron a cabo en conjunto. Recibieron el dinero por diez cooperativas, lo dividieron en dos partes, y cobraron todos por igual. De esa manera pasaron las Fiestas navideñas. Una de las cooperativas de ese barrio, la de Oscar Celentano, le habían entrado a robar. Se quedaron sin nada y prácticamente estaban quebrados. Entonces, compañeros de las 20 cooperativas pusieron el hombro: se reunieron, trabajaron sin cobrar, terminaron las viviendas entre todos, se tendieron una mano y recuperaron la cooperativa.

"Trabajar de manera colectiva fue lo mejor que podíamos haber hecho", asegura Miño. "Compramos materiales más baratos, buscábamos laburos, hacíamos reclamos. Cuando íbamos a reclamar en forma individual el portero nos echaba. ¡El portero! Y esto no lo estoy diciendo en joda. Nos decía: 'Muchachos, no; ustedes no. Si son de cooperativas, váyanse de acá'. Entonces, cuando nos juntamos, el portero no nos pudo echar más, y eso nos fue dando una organización que -de forma individual- no la podríamos haber logrado".

Construyeron viviendas durante 2004, 05, y en 06 una empresa obtuvo una licitación en Florencio Varela para hacer 880 viviendas. Miño viajó a La Plata, les cotizó las viviendas y firmaron el inicio de las obras. Tuvieron que superar una prueba previa: una manzana, cien viviendas, junto con las cooperativas. "Y si andan bien les damos más", nos dijeron. "Ellos calcularon que era una obra de tres meses, y nosotros la hicimos en 25 días.  Llegaba al centro de la manzana un equipo del hueco, y el gerente de la empresa se sorprendió al ver que -ante la llegada del equipo del hueco- nuestra gente se desesperaba por vaciar el camión y empezar a levantar las paredes. Terminamos las 880 viviendas, hicimos la cloaca, el agua, los conductos de hormigón, es decir toda la obra casi completa. Son las casas del barrio San Jorge".

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En 2006 el INAES (Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social) llevó a cabo un Encuentro Federal de Cooperativas de Trabajo, en Chapadmalal. Fecootraun participó del cónclave junto a otros miles de trabajadores cooperativistas de diferentes lugares del país. "Ellos no tenían federación, nosotros sí. Y después del encuentro tuvimos la idea de ir a visitar todos esos lugares, y empezamos a colaborar". Así fue que Fecootraun armó cooperativas en Corrientes,  dos en Entre Ríos, Reconquista-Santa Fe, dos en Jujuy, Catamarca, Santiago del Estero, y en Buenos Aires (Ensenada, Quilmes, y varias más). Todas están matriculadas. "Ahora es muy difícil conseguir la matrícula, porque el INAES no tiene intención de armar matrículas de federaciones.  Ni de cooperativas tampoco. A no ser que sea un favor político del gobierno actual". Fecootraun es una federación fundamentalmente de cooperativas de la construcción. Sin embargo, además supieron sumar otros rubros: comunicación, textil, Guardias Ambientales, Gastronomía y Transporte.

-¿Cómo es que comenzaron con el sistema cooperativista y a instalarse casi definitivamente en ese camino?

-Al principio fue por necesidad. Pero después empezamos a quererlo. Nosotros colaborábamos con un festival que se hacía en Florencio Varela, una especie de carnaval de Gualeguaychú, con comparsas. Hacíamos las carrozas en un galpón prestado que queda aquí en la esquina. Trabajamos de 6 de la tarde a 2 de la mañana, armando una carroza que terminó ganando. Y a mí se me metió la idea de que teníamos que venir a instalarnos en este lugar que ocupamos ahora. Hablamos y alquilamos un espacio al fondo, que era una cucha de perro. Juntamos 200 pesos por cada cooperativa y alquilamos por un año. Cuando nos empezamos a instalar, nos cayó un tipo diciendo que era el dueño. Entonces fuimos a hablar con los de la Cooperativa Mosconi (de tubos de gas y de oxígeno, y de caños sin costura para petróleo y otros fluidos, una de las primeras recuperadas del país, dueñas del predio a donde actualmente funciona Fecootraun), que eran a quienes ya les habíamos pagado el alquiler. Entonces, ante el reclamo, nos dieron un espacio adelante, donde funcionaba un jardín de infantes. Teníamos un bañito con inodoro para chicos, y una mesita de machimbre. Compramos una computadora, que estuvo dos años juntando tierra, porque nadie la sabía usar. Todos los viernes nos juntábamos para charlar sobre temas de la Federación. Y así arrancamos. Eso fue en 2005, y para 2011 compramos la propiedad entera, de la cual ya nos dieron la escritura.

-¿Y a nivel regional, cuándo y cómo continuaron?

-Lo de Chapadmalal fue un disparador. Ahí nos empezamos a juntar con todos los sectores de cooperativas de todo el país. José Sancha, uno de nuestros compañeros, en 2008 se puso a trabajar con el objetivo de lo que después iba a ser la Confederación. Y en 2009 nació la CNCT. Comenzamos con un consejo de administración consensuado. Trabajamos así dos años. Tuvimos algunos inconvenientes organizativos hasta que en 2011 decidimos renunciar todos, para armar un consejo de administración que cumpla con ciclos de tres años. Y por unanimidad, los compañeros decidieron que la presidencia la tenga Fecootraun, y que esté yo de presidente. La CNCT tiene 8 años de vida, nos hemos equivocado en millones de cosas, pero hemos crecido muchísimo, con la compra de las sedes del microcentro y la de Florencio Varela. El camino no es el errado.

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-¿Qué es lo más difícil de ser dirigente cooperativo?

-Creo que somos un sector muy débil, demasiado. Y no lo planteo desde el lado en el que nos dicen que nosotros existimos 'gracias a la teta del Estado'. La mayoría de las empresas del país tienen una dependencia del Estado. Y no sólo las constructoras. TODAS. Hasta el campo vive del Estado. Hay una empresa cooperativa, que es la que preside a Fecootra, que está en Villa Constitución. Ellos hacen un trabajo tercerizado para Siderar. Los asociados retiraban 50 lucas por mes. Y ahora la política del Estado cambió, empiezan a importar, y estos son los primeros que dicen que nosotros 'tenemos que dejar de tomar de la teta del Estado'. Cambió la política económica y hoy están hechos mierda.

En ese sentido, Miño reflexiona: "Nosotros estamos acostumbrados a la marginalidad. Sin embargo, los compañeros no quieren perder los derechos que ganamos. Ellos pueden estar ganando 14, 15, 18 mil pesos, se compraron un autito, y se terminaron la casa. Si yo les digo: 'Muchachos, vamos a volver a lo de antes y a llevarnos 5 mil cada uno', me matan. Entonces, el tema de la intervención del Estado es fundamental. Lo mismo pasa con FECOOAPORT. Tienen la mejor actividad económica, creo que están segundos, después de FACTTIC. En FECOOAPORT los asociados retiran 28 o 35 mil pesos por mes. Ahora el Estado les bajó los impuestos de las retenciones, niveló a Mar del Plata con Comodoro Rivadavia, y como la pesca es en el sur y el gasoil vale lo mismo, entonces se fueron 60 barcos de Mar del Plata. Y en esta cooperativa, los compañeros laburan de la estiba. Ya no descargan en Mar del Plata, sino en el sur, y de ahí mandan para afuera. Gastan la mitad. Entonces, el laburo de los compañeros de Mar del Plata bajó mil por mil. Y fue por una decisión del Estado. Lo mismo pasa en las PyMEs".

"Siempre se habla sobre que las cooperativas de la construcción 'toman de la teta del Estado'. Techint, Castellone, y todas las empresas grandes de la construcción de Argentina, el 99% de la generación económica que tienen, la obtienen del Estado. Lo que está pasando es que quieren correr a las cooperativas de la obra pública para que se aprovechen del Estado esas otras empresas. Yo digo: 'Que nos corran a nosotros, pero que también corran a todas las empresas de construcción, que son 500, y que viven del Estado'. Aceptaría que nos corran a todos y que tomen un millón de tipos para hacer las obras. Pero repito: 'Todas las empresas de la construcción -municipal, provincial y nacional- trabajan con el Estado'".

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El contexto actual para las cooperativas de la construcción y varios otros rubros, sigue siendo adverso. Tras casi dos años de gestión macrista, Miño sostiene que la situación es extremadamente compleja. "Es muy difícil porque creo que, en lo que se refiere al cooperativismo en el trabajo, no hubo nada como el gobierno kirchnerista o peronista, primero con Néstor y después con Cristina. Nadie nos ayudó tanto. Pero también hay cosas que no terminamos de hacer. Por ejemplo, no tenemos una Ley de Cooperativas de Trabajo. La que existe es la ley 20337, en la que condensan las cooperativas de trabajo, las eléctricas, las de servicios, -es decir- todas las cooperativas de cualquier actividad". Entonces, Miño se pregunta: "¿Es lo mismo un tipo que -en Chacabuco- es asociado a una cooperativa eléctrica -solamente- porque paga la factura de luz; que un compañero que trabaja en el puerto de Mar del Plata o en una obra de Florencio Varela? No es la misma sociedad. Y nosotros hemos presentado millones de anteproyectos de cooperativas de trabajo. Tal vez no eran prioridad en su momento, pero en definitiva no se hizo nada al respecto".

-¿Qué espíritu tenían esos proyectos?

-Por ejemplo, regular la situación jubilatoria de un asociado de cooperativa de trabajo. Es decir, en mi caso, yo me voy a jubilar a los 65 años con un monotributo. Pero en la rama de la construcción, estando en relación de dependencia, te jubilás a los 55. Y te puedo garantizar que un tipo que laburó en la construcción, a los 65 años no puede hacer más nada. Está estropeado.  Otro tema eran las ART. Jurídicamente, las cooperativas de trabajo no podemos tener ART. Lo que tenemos es un seguro personal de vida. No tiene la misma cobertura, de ningún tipo y bajo ningún punto de vista. Otro tema son las inspecciones del Ministerio de Trabajo. Nosotros no creemos que solamente nos tenga que inspeccionar el Ministerio de Trabajo, sino que también tiene que intervenir el INAES. No puede venir el Ministerio de Trabajo y evaluar si somos una cooperativa fraudulenta o no, porque para saber eso tenés que ver si el asociado participa y hacer un cuestionario de preguntas que esté relacionado con el asociativismo y el trabajo. Hay un montón de cuestiones jurídicas en las que nosotros estamos pisando sobre cáscaras de huevo por la fragilidad en la que quedamos.

-¿Y cuál es el papel del INAES hoy? 

-Creo que, históricamente, el INAES ayudó muchísimo al sector. De hecho, la Confederación nace en ese proceso. Hubo algunas cuestiones equivocadas, pero creo que la política era buena. Sin embargo, este organismo, durante el nuevo gobierno, entre las primeras medidas que tomó, estuvo la de dar de baja a seis mil cooperativas durante 2016. Triplicaron los requisitos para que una cooperativa exista, no sólo para el organismo sino también para el Banco Central y la Afip, y hoy una cooperativa de trabajo precisa cumplir con más requisitos que una PyME. Y no digo que nosotros tengamos que tener menos, pero sostengo que si una PyME tiene que cumplir determinados requisitos, nosotros deberíamos tener que cumplir los mismos. Este Gobierno no tiene una política apuntada hacia nuestro sector, ni al sector de los trabajadores en general. La reforma de las ART, aprobada con ayuda de legisladores peronistas y kirchneristas, provocó un retroceso. La política es la flexibilización. Nos estigmatizan, porque como el kirchnerismo dio tanto apoyo a las cooperativas, de alguna manera quieren destruirnos. Sin embargo, no sé si el Gobierno tiene la cabeza puesta en nosotros directamente, sino que creo que quiere destruir las organizaciones que están relacionadas al trabajo.

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Miño tiene 4 hijos. Belén, de 17; Tomás, de 15, ambos con su primera pareja. Después, con su nueva relación, tuvo a Zaira, que tiene 6, y Ciro que tiene 2. Y desde lo personal y familiar, afirma: "La llevo muy mal. Porque, en realidad, el sacrificio que uno hace desde lo personal significa que a los pibes no los llevo nunca a la escuela, ni voy a los actos; y como padre empezás a tener falencias por todos lados. Te entra agua hasta por los tornillos".

-Pero no hay otra forma, ¿no?

-No. No la hay. Muchas veces se cuestionan muchas cosas, y muchas de ellas han de tener razón. Pero yo laburo 14 horas por día. Y con cosas difíciles. Ahora vos me ves las manos y están suavecitas, como las de una mujer. Pero a mí nadie me va a contar cómo se levanta una pared, cómo hacer un contrapiso, o estar picando hormigón con una maza y un cortafierro. Y la verdad es que yo me levantaba a las siete de la mañana, iba al trabajo, volvía a las 5 de la tarde, me iba a la facultad, volvía y dormía. Porque la presión era otra. ¿Te duele más el cuerpo? Sí. Cuando te acostumbrás a la construcción no te duele nada.

Siento que esto que hago no es fácil. No me quejo, me gusta. Pero no es fácil. Y menos ahora que, con cualquier persona que hablo, tiene dos millones de quilombos. Y los primeros, son económicos. Y no podés hacer nada. Porque no le podés dar una solución. El hecho de que el consumo interno de Argentina esté paralizado, a nosotros -como cooperativistas, que vivimos del consumo interno- se nos hace muy difícil. Y como dirigente, digo que es un laburo muy difícil. No está bueno en algunas circunstancias ocupar el papel de Dios para tomar algunas decisiones, que terminan siendo unas decisiones de mierda. Y eso pasa seguido. Cuando el viento está a favor, cualquiera puede ser dirigente. Pero cuando el viento está en contra, no muchos quedan parados.

-Y ahora está en contra.

-Sí.

-¿Y cómo lo estás llevando?

-Lo estoy tratando de pilotear. Lo llevo lo mejor que puedo. Si vos me preguntás qué cosas puedo resolver, te contesto que "muy pocas". Lo que nunca voy a hacer es bajar los brazos. Bajo ningún punto de vista. Dejaré esto cuando estén las cosas acomodadas. Pero ahora no. En 2008 tuvimos una crisis muy compleja en nuestra Federación y las cooperativas tenían mucho quilombo financiero. Teníamos varias obras y nos dejaron plantados, casi nos fundimos. Veníamos acá, sin tener un peso. No podíamos pagarles a los compañeros, pero siempre cobraron. Le buscábamos la vuelta.

-¿Quiénes los dejaron plantados?

-Cuando hicimos las obras de las viviendas nos dejaron plantados con mucha plata, y agarramos cuatro o cinco obras para compensar. Nos dieron cheques que rebotaron. No había dinero en la calle. Me acuerdo que venía a la Federación, no teníamos un mango, y con un poco de plata le decíamos a un compañero: andá y comprá dos latas de pintura látex y algo de sintético. Y me decían: "¿Vos estás loco?" Y yo les respondía: "No, vamos a pintar". En esos momentos, cuando la cosa está peor, es donde uno tiene que sacar pecho e ir para adelante. Si vos te quedás dormido, y te bajoneás en los peores momentos, se cae todo. Entonces pintábamos la Federación, cambiábamos los colores, y manteníamos la actividad. Y no sólo eso, trasladábamos la problemática, y también los ánimos. Por eso digo que yo no sé si me puedo considerar dirigente o no, lo que sí digo es que la persona que tiene más responsabilidad es el que tiene que poner la impronta y levantarle el espíritu a los demás. Si uno, que tiene mayores responsabilidades, viene bajoneado, y no quiero hacer nada, ¿qué le queda a un tipo que está con una responsabilidad menor? Las cosas se reflejan.

-¿Qué es ser cooperativista?

-Para mí es una forma de vida que tiene complejidades, aunque tiene más cosas agradables que complejas. Y es una herramienta del futuro, no del pasado. En el momento económico que tiene el mundo, muchas de las cosas se van a terminar canalizando a través de cooperativas de trabajo. Las empresas recuperadas que cerraron en su momento, no fue sólo porque los dueños querían hacer un fraude, o porque lo que fabricaban no se vendía más. Se caían, las administraban los trabajadores, y seguían vivas. Y siguen. Porque es la única posibilidad que queda para que esa empresa continúe funcionando. En el cooperativismo, lo que entra, se reparte. Un mes tenés una expectativa, y al otro cambia. Por ejemplo, si estamos haciendo un barrio de viviendas y nos tocan tres semanas de lluvia, no podemos producir. Entonces los compañeros no retiran, sólo lo hacen en función de la producción. Un mes retiran 25 mil y al otro 4 mil, pero no se van. Eso quiere decir que el cooperativismo no es sólo trabajar. Son experiencias de vida, cosas a las que uno le da otro valor.

-Es otra concepción de trabajo.

-Nosotros tenemos un compañero, Saúl, a quien se le prendió fuego la casa. No le quedó nada. Pero NADA. Sólo la ropa que tenía puesta. Sin que nadie dé ni siquiera alguna iniciativa, entre todos los compañeros le juntaron -en la misma semana del incendio- más de 30 mil pesos. Esto tiene un gran valor. Yo no sé si le salvaron la vida, pero se pudo comprar algo de ropa, otro tanto para su hija, y se acomodó otra vez. Este tipo de cosas merecen ser rescatadas. ¿Vos creés que si a un tipo que trabaja en una empresa se le prende fuego la casa, le van a organizar una colecta? No. Porque es una cuestión más individual.

En Fecootraun, el tejido cooperativista no termina en el trabajo en sí, sino que se extiende además a la vida personal de cada uno de sus asociados. "Muchos hijos de nuestros compañeros tienen problemas con las drogas. Son menores. Entonces, lo que hicimos fue traerlos a la Federación, le pusimos a cargo a Don Aranda -un compañero mayor que sabe mucho- y sumado a otro compañero, agarramos a los pibes y les empezamos a enseñar el oficio. Esta oficina en la que estamos ahora, la hicieron esos pibes. Era un vestuario. Ellos hicieron todo: la loza, el revoque, luego pintaron, colocaron las cerámicas, y les pagamos. Muchos de esos pibes, ahora son mayores, y están trabajando, insertados en las cooperativas. Este tipo de cosas tienen más valor que cualquier otra. Hay muchos que ahora son oficiales albañiles en las cooperativas. Eso no se paga con nada".

***

-¿Tenés referentes políticos?

-Para mí, el referente más importante y el tipo que me cambió la vida fue Néstor. Nunca lo conocí. De hecho, en las elecciones que él pierde con De Narváez, el cierre de campaña fue acá en la esquina. El galpón se lo prestamos nosotros, y a mí no me dejaron entrar (risas). ¡Cosas de la política!¿no? Y Néstor era tan inteligente, o tenía tanto tacto que -si bien, durante el acto, nadie le avisó que era sobre cooperativas- nos miró a todos y se puso a hablar de cooperativismo. Un monstruo. No sé si vamos a volver a tener otro Néstor. Ojalá que sí. Cristina tenía otras cosas positivas, pero Néstor fue uno de los dirigentes más grandes que tuvo la historia de nuestro país. Te voy a contar una anécdota: cuando inauguramos las primeras viviendas que hicimos, cayó el tipo, y le dijeron: "Vos tenés que recorrer esta vivienda". Él entró a esa vivienda, saludó, se fue hasta el fondo, saltó el alambre, corrió y se metió en otra casa. Volvió a saltar el alambre, y se fue a otra. Abrazó a todos los compañeros, en todas las casas. Y esas acciones no te las olvidás nunca más. Un dirigente hace cosas así porque las siente, más allá de la política. Y la mayoría de los dirigentes políticos no hacen las cosas porque así lo sienten, sino por conveniencia, o por imagen. Fíjense en la presentación que tuvo Massa en las Legislativas. Parecía que estaba en Francia.

-¿Qué te ocurre a vos con la política en general? ¿Tenés aspiraciones en ese sentido?

-Cada vez que milito más en la cuestión política, más me decepciona. Todos los días.

-¿Y así y todo te dan ganas de seguir?

-Sí, totalmente. Yo quiero cambiar cosas. Yo no soy un actor político. Soy un dirigente de cooperativas. Y ni siquiera sé si soy dirigente. Soy un compañero que tiene responsabilidades cooperativas. Ser un dirigente político es otra cosa. Si vos me preguntás si me gustaría ser intendente de Florencio Varela, yo te respondería que sí. En la casa en la que viví desde que nací hasta los 9 años, tiene la misma calle de tierra. Cincuenta años así. Es mucho. Entonces, yo creo que se pueden cambiar cosas. Hay un montón de falencias estructurales que nunca cambiaron. Nuestra Federación está ubicada en el casco céntrico de Florencio Varela, y la esquina que tenemos acá ¡es de tierra! Y eso que Varela es uno de los distritos más grandes del conurbano. Por eso digo que cada vez que me voy metiendo y voy conociendo más a la política y sus personajes, más me desilusiono.

-¿Creés que va a llegar una nueva generación de políticos, que van a reemplazar a los "dinosaurios", o los vicios pasan de generación en generación?

-La verdad, no sé. ¿A qué le llamamos renovación? ¿A la edad? ¿O qué? Yo creo que hay dirigentes grandes que son muy buenos, y creo que hay otros que están viniendo que también lo son, pero no son muchos. Y por otra parte te puedo decir, es que hay dirigentes jóvenes que son nefastos. ¡Nefastos! Que se llenaron la boca durante años criticando a los dinosaurios, y son peores que ellos. Y el día que estén en el lugar de los dinosaurios, van a ser mucho peores. En lo que sí creo es en la renovación de ideas y de proyectos. Generalmente uso el ejemplo de un equipo de fútbol: con once pibes, no vamos a ningún lado. Si no tenés un cinco, un enganche y un arquero de experiencia, podés jugar muchos partidos, pero no vas a ganar demasiados. Y acá hay que laburar con las dos cosas. A muchos que yo escucho hablar de renovación política, son jóvenes, y son nefastos. Prefiero quedarme con los viejos, por lo menos ya sabés que te van a cagar.-

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