Revista Cítrica

“El arte es ideológico”


09 de septiembre de 2016

Revista Cítrica

Rita Cortese habla de arte, cultura y política. La actriz de cine y teatro nos cuenta de sus proyectos arriba y abajo de las tablas.

Foto: Mariana Varela
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“El arte es ideológico porque es el punto de vista que vos querés del mundo. Es el mundo que querés para vos”, expone Rita Cortese, la joven de 67 años que dedica tanto tiempo a la militancia como cuando era una adolescente y acompañaba a las Madres de Plaza de Mayo a enfrentar a los policías.

Tanto le brota la militancia que se larga a hablar sola. Así, sin que nadie pregunte nada, ella empezó. Así es Rita, toma la iniciativa. Así lo fue en su carrera. Primero fue actriz, después se le dio por el canto, y con pánico escénico subió a las tablas como si fuera su primera vez, y ahora anda con ganas de dirigir teatro: “Es el momento de animarme y salir”.

“En Argentina hubo un golpe mediático y un golpe de idiotez. Una parte del país fue zonzo porque la persona que accedió a determinadas posibilidades de una vida mejor fue la misma persona que te decía que votó a Cambiemos porque ’había que cambiar´. ’¿Cambiar qué?´ ’Y los modos´, te respondía”, expresa la actriz de Relatos Salvajes y Herencia, las dos películas de las que más le gustó participar.

No teníamos pensado empezar la nota desde ahí, desde ese lado. Pero si el arte y la cultura son ideológicos y nosotros vinimos a conversar de cultura y de ideas, y estamos en el patio del Instituto Patria haciendo la nota, no está mal empezar por la política.

-¿Te ves en un rol activo en la política?

-Siempre en un rol cultural. Pero esta vez veo más ligado que nunca lo político de lo cultural. Es la primera vez que percibo que la cultura va delante de la política. Es lógico porque en las épocas de crisis el arte se fortalece, evoluciona y crea en los límites más que en la libertad absoluta.

-¿Y dónde está ese poder de creación hoy?

El poder no está en otro lugar más que en el mismo pueblo. Yo creo que en este momento el pueblo va delante de la política, es el que va adelante y es quien le da poder al proyecto que fundó el kirchnerismo. Solo el pueblo salvará al pueblo. Es así. Es cierto que existen instituciones corruptas. Lo que pasó con Dilma en Brasil es tristísimo. Lo que pasa es que Latinoamérica era un punto rojo en el mundo, entonces había que destruirlo, como ya nos pasó en los ‘70 con mi generación. Cuando Latinoamérica empieza a consolidarse los poderes hegemónicos del mundo se despiertan y no lo permiten.

-¿Qué rol ocupan los medios de comunicación en este nuevo escenario de Latinoamérica?

Los golpes de estado ya no necesitan a las fuerzas militares, necesitan la tontera y la masificación del pensamiento: los medios de comunicación. Son golpes mediáticos. Solo quedan Bolivia y Ecuador en pie. Y nosotros. No estamos en el poder pero estamos. En Argentina hubo bastante de golpe mediático y de idiotez también. Hay una cuota de una gran involución en el pensamiento. Y los medios tienen mucho que ver hace muchos años, sino no existiría Tinelli.

-¿Desde cuándo militás?

Siempre milité, desde la organización Artistas por los Derechos Humanos acompañamos a  Hebe. Éramos muy irreverentes porque por suerte éramos muy jóvenes. Yo sigo siendo irreverente. Y esa época fue tremenda. Era marchar con los milicos acá encima, en silencio porque no se podía hacer nada. Marchábamos con las escopetas en la cara. Cuando a Hebe no la dejaban entrar a la Plaza, las Madres corrían las armas con las manos y pasaban. Así, como son ellas. Por eso, dónde están ellas es a donde hay que pararse porque no te vas a equivocar nunca. Yo siempre estuve parada en un lugar ideológico bien claro. Siempre hay que estarlo. Hay actores que le hacen caso a lo que dijo Lopérfido: los artistas no se tienen que meter en política. A eso hay que contestar: ¿por qué no nos vamos a meter en política? Qué hubieran hecho Simone de Beauvoir, Sartre, Bertolt Brecht. No se puede separar lo cultural de lo ideológico. Vos podés separarlo de lo partidario pero no de lo ideológico. A veces lo ideológico coincide con lo partidario y ahí sos feliz.

-¿La elección de todo trabajo que hacés en el escenario es ideológica?

Sí, yo pertenecí al Teatro Payró muchos años. La primera obra que hice fue Maratón. Dirigida por Jaime Kogan durante la dictadura. Era una maratón de tango y milonga donde la gente bailaba hasta morir por el techo y la comida. Había un animador no muy realista, que decía: ‘pasen, pasen y bailen. Si esto no fuera ridículo sería una tragedia. Que siga el baile’. El Payró fue prohibido. Yo me fui en el 78 y volví en el 80, que ya estaba todo como más calmo. En el 84, en democracia, cuando se levanta la prohibición, hacemos Galileo Galilei. Siempre estuve en una línea del teatro no pasatista, más interesante, que tenga algo para decir. Ojo, no reniego de ningún teatro. Tampoco me interesa el teatro que te dice lo que hay que hacer. Me interesa un teatro vivo, inquietante.

-¿Qué trabajo te dio más alegrías?

Y Galileo, Maratón, Un almuerzo en lo de Ludwig W. En cine las películas Herencia y Relatos Salvajes. El mundo está un poco comos Relatos Salvajes. Parte de lo que a la gente le está pasando, a una parte. Y a otra parte le pasan otras cosas. El avasallamiento de la individualidad es importante, el nivel de violencia en lo cotidiano, la falta de poética en la vida. Son cosas muy del capitalismo. Hace unas semanas se hizo en el Centro Cultural San Martín el Pokemón Night. ¿Qué nos está pasando?

-¿Y trabajar con Sandro?¿Cómo fue eso?

Cuarenta Gran Rex hice con él. Sandro es uno de los dos tipos que me enseñó mucho de teatro. Me llamaron para hacer Gitano y yo no estaba acostumbrada a ese tipo de espectáculo y dudé. Después de una copa de champaña, dije que sí. A la media hora me suena el teléfono nuevamente. Era Sandro, que me dice: “Pero cómo le va gitana”. Era su voz y no lo podía creer. Yo lo iba a ver siempre, fanática absoluta. Era un tipo muy particular, que dejaba la sangre y la vida en el escenario. Muy intenso. Es que los artistas debemos ser intensos.

-¿Y qué otros grandes maestros del teatro tuviste?

Alejandro Urdapillleta, que era un artista. Vivíamos en el mismo edificio, era mi hermano. Una vez yo tenía que ir a cantar y tenía mucho miedo. Era la primera vez que hacía un espectáculo sola. Primero hice con Soledad Villamil, después con Claribel Medina. Y después decidí hacer un espectáculo sola. Entonces yo tenía pánico y él me dijo algo genial: “El que tiene miedo no es el arte, es el ego”. Ahí me di cuenta de la debilidad; él también tenía un ego tremendo. No era que yo no lo tuviera, había que domarlo. El ego no sirve para nada - por ahí por momentos- pero hay que correrlo. Alejandro era un actor único porque estaba atravesado. Estaba loco. Sus gestos salían de la desesperación, de la masmédula. Eso es el arte. El arte es desesperado. Es caótico y no es cómodo. No es cómodo estar arriba de un escenario, eso es un invento chino. El actor que está cómodo es lo menos interesante del mundo. Se disfruta hasta cierto punto. Te podés ir al carajo actuando pero siempre tenés que provocar peligro. Cuando yo la veo a Martha Argerich tocar el piano, siempre siento que está por pasar algo. El cuerpo de ella es una flecha, ¡le importa tanto lo que está haciendo! Tiene tanto peligro que sentís que si se equivoca es capaz de levantarse e irse. Estás esperando que se vaya en cualquier momento. Es inquietante. El arte es efímero. Es una ceremonia. Ahora hay una distorsión: el teatro es efímero por naturaleza y ahora hay una cosa que se llama teatrix que filman y promocionan las obras de teatro. O muchas salas de gente joven, si querés hacer una obra te piden que les mandes un video. Yo me negué. De ninguna manera, es ir en contra del teatro, se pierde la irradiación.

-¿Qué te falta hacer en tu carrera?

Me gustaría volver a trabajar con Guillermo Cacace, director muy interesante con el que hice Mateo de Discépolo. Tal vez me gustaría dirigir, pero es una asignatura pendiente. Teatro, claro. Dirigir cine me parece una tarea titánica, no sé cómo pueden estar tranquilos. En teatro dirigiría una obra que me inquiete, como las de Gambaro. Nada propio, no soy de escribir. Quiero dirigir. Lo mismo me pasó con el canto. Veía a gente que canta brutal pero no me conmovía, Entonces dije tengo que salir a cantar y con la dirección me pasa algo parecido, es el momento de animarme y salir.

-¿A qué te dedicaste antes de trabajar como actriz?

Trabajé en una empresa que se llamaba TENSA, Talleres Metalúrgicos Norte Sociedad Anónima, y era tenso, estaba en la parte de administración. También trabajé en inmobiliarias, después viajé por Latinoamérica en un rastrojero diesel, Fue algo maravilloso. Después me fui a Europa, en aquel momento acá estaba la dictadura.

-¿Cuándo hiciste el click para dedicarte a la actuación?

Cuando me subí por primera vez al escenario no lo dejé más. Me gustó la incomodidad del escenario. Me gustan las incomodidades. Me gusta superarlas. Estoy cómoda en lo incómodo. Y estamos en una época de superar incomodidades. Dios mío. Que época más cruel. Nosotros no esperábamos lo que fue el kirchnerismo pero nosotros siempre lo buscamos. El gran legado del kirchnerismo es la juventud. El gran tesoro. Una artista me dijo cuando ganó el macrismo: “Dicen que los pueblos no se suicidan. Bueno, es mentira, se suicidan”. Hay una parte del pueblo que fue muy zonza y lo sigo manteniendo. No puede ser que se piense que todo lo que ha tocado alguien es corrupto. Ahora es todo Cristina, Cristina…nunca se habló tanto de Cristina como en esta época. Ellos quieren destruirla y no van a poder. No significa que ella esté en el poder. Es imposible volver atrás. No es la misma época que en los años 70, están las redes sociales. Creemos en la honorabilidad. Que mirarse a los ojos es un valor, que reflexionar sobre la conducta de uno en la vida también. Yo puedo sentirme muy revolucionaria pero es muy fácil decir las cosas. Lo importante es que las tenemos que llevar a cabo con nuestra acción. La exigencia de los jóvenes es mucho mayor a la generación nuestra y me parece genial que sea así. Nosotros también tenemos que crecer en nuestro ser. No podemos ser canutos y caretas. Ya estamos en un momento donde no hay margen.

-¿Cómo ves hoy a la televisión estatal?

Hoy están emitiendo El Marginal, que es un producto nuestro, del proyecto anterior. Ahora hay paneles y más paneles en la TV Pública. No se está produciendo prácticamente nada, se están comprando latas, en general.  Ni Canal 7 ni Encuentro tienen productos nuevos. Cine muy poco también. Triste.

-¿El mundo de la cultura está dividido políticamente?

Hay gente que piensa de una manera y gente que piensa de otra. Y los que no les importa. A esos cuando los ves te das cuenta que no les importa, cuando pisan un escenario enseguida te das cuenta a quién le importa y a quién no le importa. Cuando una cámara los agarra enseguida te das cuenta quien tiene algo para decir y quién no. Creo que eso es lo más grave: no tener nada para decir. Ezra Pound era un nazi pero escribía muy bien. No estoy haciendo una apología del nazismo. Yo quiero gente inteligente, no todo el mundo tiene que pensar que la manera de hacer política de este espacio político-cultural que ha sido y que es el kirchnerismo sea el único, podés pensar de otra manera, claro que sí. Podés ser un neoliberal, pero sé un neoliberal inteligente por lo menos. Defendé al neoliberalismo. Ante ese señor uno va a poder estar bien y va a poder estar debatiendo, dos proyectos diferentes. Cuando del otro lado hay una voz que se anima a decir lo que es realmente el neoliberalismo. Ahora dicen que somos todos buenos, que todos juntos nos va a ir mejor, que se yo que, los retiros espirituales y el trabajo en equipo. Ese es el discurso de este neoliberalismo. Sería interesante que dijeran la verdad: que te gusta tener sirvientes, que las amas de casa no hacen su trabajo, decí que la sexualidad no puede ser igualitaria, decí eso que es lo que te pasa. Decí el asco que le tenés a un puto y ahí yo voy a poder defender mi parte, sino es imposible. Animate a decir que el alimento no puede ser para todos, que no todos tenemos los mismos derechos.

-¿Tuviste muchas agarradas de sobremesas con actores por cuestiones políticas?

Sí, pero por idiotas. No me encontré con alguien que tuviera algo para decir. Ojalá me hubiese encontrado con alguno que tuviera esa postura de decir realmente lo que piensa. No te lo dicen, lo esconden, son cobardes. No se animan porque quieren un mundo para pocos. Esa es la verdad. No quieren un mundo para todos. Eso es el neoliberalismo. Esta es la realidad. Por eso vos ves sonrisas en la gente que defiende nuestras ideas, no del partido sino del campo popular; estamos un poco más contentos que los otros. Tenemos menos odio.

-¿Que significó la renuncia de Lopérfido?

Esa fue la primera y casi la única batalla ganada por un ratito. El teatro tuvo un papel muy importante. Fue el pueblo sobre la política. El pueblo está yendo adelante. La cultura está yendo delante de los políticos y el pueblo está yendo delante de todo. Hay esperanza.

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