Revista Cítrica

Dejar de ser valiente, para ser libre


03 de mayo de 2017

Revista Cítrica

La Campaña Nacional Contra las Violencias Hacia las Mujeres (CNCVM) se movilizó al Consejo Nacional de las Mujeres. Ellas piden por sus derechos y la respuesta del Estado es mandar a la policía.

Foto: Federico Imas
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 Una mujer asesinada cada 18 horas en manos de un varón violento. Un promedio de 200 denuncias diarias por violencia de género en la línea telefónica 144. El acoso callejero. La violencia institucional, que revictimiza y defiende al violento. La violencia mediática que reproduce discursos misóginos, avalando la cultura de la violación y poniendo a las mujeres en el lugar de objeto. La violencia económica, que condena a vivir en una situación de mayor precariedad, de menos derechos, pocas oportunidades y mucha brecha salarial. La violencia laboral, que restringe a las mujeres a y restringidas a pocas oportunidades y oficios, sumado a la persistencia de la brecha salarial respecto a los varones. Tienen argumentos, tienen motivos las mujeres para tomar las calles y eso hacen. Desde el miércoles al mediodía la Campaña Nacional Contra las Violencias Hacia las Mujeres (CNCVM) junto a otras organizaciones sociales, se movilizó al Consejo Nacional de las Mujeres. “Exigimos la implementación de políticas públicas, medidas concretas y presupuesto real para combatir la violencia que sufrimos las mujeres día a día”, reclaman al Estado que les responde como lo hace siempre desde el cambio de época: con hombres violentos, también llamados policías.

Mientras ellas pedían por la Ley de Emergencia en Violencia de Género. Ahí estaban ellos. Mientras reclamaban más centros integrales de atención, patrocinio legal, atención psicológica y atención en salud por parte del Estado, las cámaras no estaban. Mientras exigían al Ministerio de Trabajo programas de capacitación laboral y trabajo genuino para mujeres, el presidente anunciaba planes de “empalme”, flexibilización y beneficios para las empresas. Mientras pedían la implementación de la Ley 26.150 sobre Educación Sexual Integral, el Ministerio de Educación quitaba las jornadas de educación sexual. Mientras defendían Acceso efectivo al Protocolo de Interrupción Legal del Embarazo, les decían que no podían elegir sobre sus cuerpos. Mientras reclamaban por multas para los canales televisivos que promuevan la cosificación y la violencia hacia las mujeres, los canales deportivos le daban espacio a las mujeres para presentar el clima y comentar la ropa que llevaban puesta. Mientras clamaban por la implementación de rápidas y efectivas línea de ayuda económica directa y urgente para mujeres en situación de violencia y vulnerabilidad social, el Estado invertía en las fuerzas de “seguridad”. Mientras las mataban, ahí estaba la policía, ahí estaba la Justicia. Sólo para mirar. Mientras ellas reclaman sus derechos, la policía está ahí: para vigilarlas.

“No me sorprende ver a tantos ratis parados acá. No me sorprende nada de este gobierno fascista y represor, que reprime a abuelas, trabas, mujeres, a quien se le ponga adelante. Su idea es ir en contra de las luchas populares. Este es el brazo represor del Estado, pero acá estamos. No nos van a doblegar, vamos a seguir en las calles. No tenemos miedo”, nos dice Florencia Guimaraes García antes de que caiga la noche del miércoles. Ella es activista travesti, sobreviviente del sistema prostituyente y ex presidenta de ALITT, la asociación de lucha por la identidad travesti transexual. Ahí está ella, siendo una más de la que quiere, como dice uno de los carteles, dejar de ser valiente para ser libre.

Ellas y tantas otras toman las calles y allí seguirán. Allí estarán. De eso está convencida Claudia Korol, referente de la lucha feminista y comunicadora social: “Nosotras estamos en las calles: mujeres, lesbianas, travestis, trans, estamos. Este es un mensaje que hay que comunicarlo y que otras compañeras no solo sepan que estamos sino que se organicen con nosotras. Y si no quieren con nosotras, que lo hagan con otras organizaciones que les gusten. Pero también hay que dar el mensaje de que con el individualismo no vamos a poder contra un sistema que se sostiene con la violencia”.

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