Revista Cítrica

Canillán: "Víctor Hugo es único e irrepetible"


01 de julio de 2017

Revista Cítrica

En el ciclo "Conversaciones en el Bauen", el periodista y narrador de fútbol Matías Canillán -hijo dilecto del legendario "Competencia" conducido por Víctor Hugo Morales- habló sobre los deseos del relator uruguayo de ser artista; la estafa del periodismo; Messi y la selección nacional. (Segunda parte).

Crédito Diego Pintos / Revista Cítrica.
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El equipo de Relatores tiene una cabeza visible, un capitán de fragata que marca surcos en el mar a través de su impronta, historia y presente. Víctor Hugo Morales, quizá el mejor relator de fútbol de todos los tiempos, dueño de una narración indispensable a la hora de entender la profesión, es quien aparece como faro guía en la nueva app de transmisiones futbolísticas. Canillán explica cómo es trabajar con el barrilete cósmico de la radio.  

 

-Víctor Hugo parece haber piazzolleado el arte de relatar.

-Totalmente. Es un superdotado, llena todos los casilleros: la voz, la dicción, la capacidad narrativa.Inventó todo un vocabulario nuevo para el relato deportivo, términos y frases que hoy repiten todos y que fueron creadas por él. Para mí el aporte de Víctor Hugo a la radio, al fútbol y a la cultura popular es muy subestimado, no se la valora como deberíamos. Su aporte fue fundamental para que, de una vez por todas, la literatura le dejara de dar la espalda al fútbol. Él fue un nexo muy groso con eso. Porque, además, su genio le permitió traducir todo su caudal cultural a lo popular. Víctor Hugo elevó la vara del lenguaje y el contenido del relato deportivo pero sin dejar a nadie afuera. Poder realizar una mezcla tan perfecta de lo cultural y lo popular no es para cualquiera. Por eso él es único e irrepetible.

 

-El relato parece ser un lugar de expansión, de divertimento, tanto para vos como para Víctor Hugo

-En general soy un tipo conservador, por mi personalidad. Tengo un perfil muy bajo, y lo que descubrí en el relato es como que me libera un lugar artístico, donde yo puedo inventar lo que quiera. Y Víctor Hugo, que siempre quiso ser artista, nos contaba que al ver que no tenía talento para ser actor o cantante, entendió la cosa por ese lado. De escuchar radioteatros. Y pareciera que él pinta un cuadro con el relato. Y por eso lo siente así, como una cosa lúdica.

 

-¿Qué medios consumís, cómo te informás?

-La verdad es que, en esta etapa, consumo lo menos posible. Porque me agarro unas calenturas horribles. Necesito preservarme porque no es nada fácil atravesar este tiempo. Hoy me siento como estafado por la profesión. Porque yo estudié otra cosa, no esto que se ve en los medios audiovisuales. Y eso es una macana, porque yo me había preparado para una cosa, y ahora me encuentro con que todo lo que me rodea es completamente diferente. Por ejemplo, entrás a un portal de deportes y la primera nota es: “Los memes de Messi después de mostrar la camiseta”. Y bajás un poco y otro título dice “Por qué el Mellizo se fue de la conferencia de prensa”.  Y no hay nada del juego, un análisis, la crónica del partido no existe más. Te metés el domingo a la noche a una página y te ponen cuatro líneas: Boca no estuvo a la altura y empató con Rafaela. Y debajo van todos videitos: cómo un jugador de Boca se enojó con un compañero y lo insultó, el cambio del Mellizo que no le gustó al jugador y tiró una botellita al piso, una jugada de gol, y –a lo sumo- el gol. Y no hay comentarios, son sólo imágenes y videos. Entonces sigo las columnas de determinados periodistas que me interesan, pero que en general escriben sobre temas más atemporales, no sobre lo cotidiano. Y después apunto a las noticias de información pura que me pueden ayudar a incorporar datos o a estar actualizado. Como cuando fue lo de AFA. Buscaba leer muchos portales, tener toda la información posible para estar al tanto, y que no se me escapase nada, porque todo era muy vertiginoso. 

 

-¿Creés que la forma en que los medios informan se modificará en algún momento?

-No creo, al contrario. Por lo que se ve ahora, la sensación es que esta tendencia se va a profundizar. Porque los medios son manejados y decididos por tipos que apuntan a esto. Y son esos tipos los que deciden, ubican y muchas veces imponen a quienes trabajan en los medios. En lo que sí confío es en esta especie de atajo que encontramos nosotros con Relatores, en que la gente empiece a poder decidir por sí misma, sin intermediarios, qué desea consumir en medios de comunicación.

 

-¿Y esa es tu forma de practicarlo?

-Sí, busco a quiénes leo. Por ejemplo, a mí nadie me tiene que contar quién es Ezequiel Fernández Moores, o Alejandro Wall, o Andrés Burgo, o Cristian Grosso, por nombrar sólo a algunos. Los elijo y los busco para leer qué piensan, no me los imponen. Porque sé que lo que me ofrecen es una opinión con elementos verificables y ciertos. Y que sus antecedentes los avalan para que pueda confiar en lo que escriben, coincidan conmigo o no. También consumo periodismo que no me gusta nada, pero porque –quiera o no- tengo que estar actualizado sobre la manera en que se ejerce la profesión que elegí. Irónicamente diría que nuestro gran error fue habernos tomado demasiado en serio al periodismo deportivo. La moda es tomárselo en joda.

 

-¿Qué le dirías a un pibe que quiere estudiar periodismo deportivo?

-Hasta hace poco, cuando me preguntaban, les aconsejaba estudiar a la escuela del Círculo de Periodistas Deportivos, que fue donde me recibí. Pero sinceramente, ya no recomiendo nada. Las últimas veces me llamaron para dar clase y siempre dije que no, porque nunca me preparé para dar clase. Pero cuando pensé que quizás podía intentarlo, me pregunté si lo que tengo para trasladarles a esos chicos luego podrían aplicarlo en un trabajo real en los medios. Y la respuesta es que creo que no podrían. Entonces ¿qué sentido tiene una enseñanza que a la hora de querer ponerla en práctica es inútil? Una vez me tentaron para hacer un taller de relatos en una escuela de periodismo deportivo. Y les querían cobrar aparte a los pibes, por ese taller. No me gustó la idea que tuvieran que pagar aparte por algo que creo que debería ser parte de la carrera por la que ya pagan. Entonces les propuseir dos o tres veces al mes a dar charlas gratuitas. No me llamaron más.

 

-¿Qué queda de limpio en el fútbol entonces?

-Mi opinión -desde hace años- es que Grondona, a lo largo de su tiempo en AFA, fue construyendo una maquinaria por la cual todo pasase por él. En AFA no se movía un papel sin que Grondona estuviese al tanto. Cuando había un lío acá, todos decían: esperemos a que Julio vuelva de Suiza. Y empezó a pasar lo siguiente: “este árbitro nos bombeó, llamalo a Julio”. Y Grondona llamaba a Romo y le decía: “no les mandes más a este árbitro porque me hinchan las pelotas por teléfono”. Empezó a generarse el pensamiento de que todo en la AFA era manejado por Grondona, y que todo se podía arreglar. Y hoy ya no importa si es verdad o no, porque igual está instalado. Y ese es uno de los motivos por los que en los estadios hay cada vez mas irritación y violencia. De eso también se tienen que hacer cargo aquellos que decían “¿viste cómo salió el sorteo? El viejo ya tenía todo arreglado, y por eso jugamos en el Mundial 2014 contra Irán”. Entonces, si te colgás esa medalla, colgate la otra también. Colgate el ancla de que todos piensen que vos, todo lo arreglás. Sin embargo, para mí la realidad no es esa. Creo que hay un montón de cosas en el juego que ocurren sin que estén contaminadas.

 

-¿Ves un resurgimiento saludable en el aspecto del recambio de entrenadores?

-Sí, la renovación de entrenadores fue buenísima, hubo una camada de técnicos que de a poco fueron retirándose, y que apareció un grupo de jóvenes que modificaron la forma de trabajar, de entrenar, de llegar al jugador. De a poco se eliminan muchos vicios que estaban instalados en nuestro fútbol y eso permite que los torneos sean más competitivos y parejos.

 

-¿Y sobre la belleza y la fealdad del fútbol nuestro de cada día?

-Creo que dentro del análisis que se puede hacer, se es muy injusto con el fútbol argentino. Tiene que ver con el tema de aplicar este molde en otros lugares. Vayamos a España, Inglaterra, Italia y saquémosles la misma cantidad de jugadores que faltan en Argentina porque se fueron al exterior, y veamos qué quedan de esas ligas.

¿Qué campeonato podrían ofrecer con lo que les quede? Entonces uno dice: la verdad es que tenemos un fútbol muy bueno con lo que nos queda. Porque además, la consecuencia de la venta permanente de jugadores locales hace que se cree esta vorágine, que cuando hay un buen equipo, le sacan los jugadores, no tiene buenos reemplazos, pierden cinco partidos, y ya se pide la cabeza del entrenador. Y todo es pendular, o es un extremo, o el otro, y la sensación es que es todo lo mismo, y no es así. No es lo mismo un entrenador serio, que uno que les cobra a los jugadores para llevarlos a sus equipos. Pero así es cómo todo está instalado. En un país resultadista, y en un deporte donde se vive directamente del resultado, si los conseguís sos Gardel. Y si no, sos el peor del mundo.

 

-En la selección argentina pasa más o menos lo mismo.

-Exacto. Y es más, esta selección es masacrada como tal, porque no ganó. Ese es el gran problema. Y vos fijate cómo opera y cómo tenemos incorporado perversamente el tema del resultado, que los mismos jugadores no se animan a contestar porque se sienten en falta. Se sienten culpables. Si Mascherano hubiese ganado una sola Copa América, ¿sabés la cantidad de cosas que le hubiera dicho al periodismo deportivo argentino? Pero él siente que, como no ganó, no puede hablar. Por eso Messi, en lugar de enfrentarlo, renunció, y se fue después de la final de la Copa América de Estados Unidos. Está instalado de esa manera: si vos ganás, nadie te puede decir nada, y si perdés, no podés abrir la boca porque no tenés derecho a nada. Ni a defenderte.

 

-Y los que hablaron, fueron prácticamente fusilados por gran parte del periodismo deportivo argentino.

-Exacto. Te invito a que busques todas las opiniones que había sobre Diego, hasta antes del mundial 86. Eran peores de lo que se dice ahora de Messi. Y Maradona cambió la imagen, y se transformó en leyenda para siempre, por sus dos fabulosos mundiales. Porque su etapa en la Selección entre los mundiales 86 y 90 no fue sobresaliente. Diego fue Gardel desde el 86, y tuvo en el 90 toda esa cosa de epopeya por el tobillo destrozado, la jugada del gol a Brasil, pero si no hubiese ganado la final del 86, y también perdía la del 90, le habría pasado lo mismo que a Messi ahora.

 

-Y estuvimos al borde de que ocurriera eso, porque el empate de Alemania en 1986 fue en el minuto 80, y el gol de Burruchaga fue tres minutos después de eso.

-Sí. Exacto. Y es eso lo que se decía de Maradona en las crónicas. Y a Messi, acá en Argentina, le falta ganar algo; pero no para mí en lo personal. Messi es un jugador superdotado que no llega a ser Maradona, y creo que está subestimado el milagro que significa Messi. Es un verdadero milagro irrepetible en todo sentido. Que Messi sea quien es, hoy, en esta época del mundo,  que no haya tenido un solo desliz en su vida personal y en su vida profesional, en todos sus años de carrera, siendo quien es a nivel mundial, es un verdadero milagro. Lo mismo pasa con Tévez, quien tampoco es valorado en este sentido como lo merece. Tévez es otro milagro porque Tévez no podía ser Tévez. No tenía manera, no había forma. Porque, entre el pibe que nació en Fuerte Apache y llegar a ser Tévez, había miles de obstáculos, vicios y tentaciones en el medio, y los sorteó a todos. Yo no puedo dejar el cigarrillo, y cuando ves a estos tipos, hacer lo que hicieron, decís: “son un milagro. ¿Cómo pudieron evitar todo eso? ¿Cómo pudieron escaparse de tanta cantidad de zancadillas que tuvieron en la vida y no se cayeron?”.

Pensá en esto: imaginate que se hubiera jugado una Copa América en Argentina, como la de 2011, y Messi se da un palo con el auto como pasó en Chile con Arturo Vidal. El tipo tenía que estar concentrado con sus compañeros, venía de timbear en un casino, se puso la Ferrari de sombrero, no se mató de casualidad, alcoholizado, y siguió jugando. ¿Te imaginás lo que hubiera pasado acá? Entonces, lo quiero remarcar es que no se toma en cuenta lo que significan los futbolistas argentinos como ejemplo de profesionalismo y responsabilidad.

 

-Y ante este presente de la selección, pareciera que la situación angustia más.

-Justamente. Tiene que ver con un equipo que llega a tres finales, con dos entrenadores diferentes, que no encuentra cómo sacarse el karma de encima, entonces, desde la final de EEUU, este plantel está sobrellevando las eliminatorias para llegar al mundial. Se está arrastrando. Porque lo peor de todo, es la carga que tienen, que lo único que les queda es: “salir campeón del mundo en Rusia o la condena eterna”. Ser “la generación negra que condenó a la selección argentina a no ganar ningún título, a ser un equipo del que se burlan los chilenos”, por decirte un ejemplo. ¿Cómo hacés para sobrellevar semejante presión? Porque ya ni siquiera es “llegar al mundial”, o “llegar a la final del mundial”. No. ¡Tenés que salir campeón del mundo!

 

-La presión termina siendo un elemento de asfixia.

-Fijate lo que pasó antes del partido de Chile. Llegaron los jugadores, y los envolvió toda esa atmósfera que decía “si Argentina no le gana a Chile, no va al Mundial”. Y al otro día del  partido se opina “Argentina es un espanto jugando al fútbol”. Y ¿cómo querés que salgan a jugar si les estuvimos diciendo durante cuatro días que si no ganaban nos quedábamos afuera del mundial? Entonces, meten un gol, y después están todo el resto del partido, presionados con la idea del empate, “¡que no nos empaten por Dios, porque nos matan a todos!”. Una selección que tiene tres finales perdidas, semejante karma a cuestas, y que si no llega a ser campeón del mundo, quedará marcada de por vida. ¿Qué esperábamos? ¿Que jugara como Brasil del 70 contra Chile? ¡Si les estaban diciendo que si no ganaba estábamos afuera! ¡Es muy difícil así!

 

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