Revista Cítrica

"Cada vez me siento más comprometida con lo que canto"


16 de octubre de 2013

Revista Sudestada

La venezolana Cecilia Todd cuenta la reivindicación de la cultura popular de los últimos años en su país.

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 LLegó a la Argentina el mismo día que volvió Perón. Tenía 22 años y esa experiencia la marcó para siempre. Iba a estudiar técnica vocal por consejo de su amiga Mercedes Sosa y terminó grabando su primer disco, Pajarillo verde. Cecilia Todd es considerada una cultora popular venezolana, identidad sobre la cual reflexiona: “Son aquellos artistas que están manteniendo las tradiciones, aunque se ha extendido esa definición, ahora todos somos un poco cultores. También pienso en las personas mayores que continúan con las tradiciones y que permiten que no desaparezcan. En este momento para nosotros se ha extendido esa figura y hasta yo entro como cultora. Pienso en un cultor no solamente como el que está haciendo música, sino también en quienes, por ejemplo, hacen artesanías, y todo tipo de manifestaciones tradicionales”.

En Venezuela, a partir de la Revolución Bolivariana, la reivindicación de “lo popular” se tornó en algo que marca la cotidianeidad. Sin embargo, por tratarse de un uso tan amplio, le preguntamos a Cecilia cómo son esas manifestaciones de lo popular desde su perspectiva: “Es algo concretísimo, ni siquiera tienes que salir de Caracas para darte cuenta de eso, para reconocerlo. Está en todos lados: ahorita mismo, en este momento en que estamos hablando, hay una celebración de la Cruz de Mayo. Eso es muy bonito porque normalmente se hace en los pueblos, y con la migración hacia la ciudad esas tradiciones se vinieron también. La Cruz de Mayo es una de las que más se celebra hoy en día en Caracas porque mucha gente también vino hermosamente cargando su cultura. Aquí siempre se ha celebrado la Cruz de Mayo pero más familiarmente, porque la gente tiene alguna promesa y tiene su Cruz en la casa, pero no masivamente con todas las tradiciones, como en la costa, que se cantan fulías. Venezuela está llena de ese tipo de manifestaciones, hoy en día muy vivas”.

Cecilia tiene una larga trayectoria en el canto, “40 años cantando, cantando siempre música venezolana”, 13 discos editados, compartió escenario junto a Alfredo Zitarrosa, Chico Buarque o Astor Piazzolla, entre una larga cantidad de artistas. “Cada vez me siento más comprometida con lo que canto. Desde que comencé a hacerlo profesionalmente ya sentía ese amor y esa identificación por nuestra música, y a lo largo de esos 40 años cada vez toma más fuerza. En los últimos años aquí a la cultura se la ha puesto en un lugar en el que nunca había estado, que nunca había tenido: se abrieron los teatros para todo el mundo, espacios maravillosos, se ha apoyado a las editoriales. O sea, se ha acercado la cultura a la gente, y la gente se ha acercado a la cultura, que antes era muy elitista”. Lo que dice no es menos cierto, ya que el lugar para compartir esta conversación conSudestada fue en un café dentro de la Casa de las Primeras Letras Simón Rodríguez, ahí donde este maestro les dio clases a varios niños caraqueños de su época -entre ellos, Simón Bolívar-, un espacio que estaba en ruinas y que fue recuperado recientemente por el Gobierno Bolivariano.

En Venezuela existe, desde que Hugo Chávez asumió la presidencia, una permanente búsqueda de revalorizar lo nacional, de repensar la historia propia y también las raíces políticas, sociales y culturales. Cecilia manifiesta esta necesidad de cuidar los rasgos que hacen a la identidad venezolana: “Con toda la globalización que sufrimos en el mundo entero, también ciertas músicas han ido desplazando lo tradicional, no solamente la música sino las tradiciones. Eso es en todo el planeta: todas las paredes pintadas, sí, eso es una manera de expresarse, pero ¿de quién? Porque eso no sale de cada uno, eso siempre sale de un solo lado que ya sabemos cuál es. Nosotros tenemos que estar muy atentos con eso, sobre todo los que hacemos todo tipo de manifestaciones culturales, música, danza, teatro, cine; tenemos que estar muy pendientes y agarrarnos mucho a lo que hacemos, a las raíces, a nuestra cultura y defenderlo por encima de todo. Como dije, yo siempre he hecho música venezolana y voy a seguir haciéndola ahora con más conciencia que nunca”.

Esta necesidad la ha llevado a fijar una posición crítica sobre lo que considera un apoyo desmedido a todo lo que es el Sistema Nacional de Orquestas, un lugar de formación masiva en música académica para los niños y jóvenes de los barrios populares de Venezuela. “Hay un argumento que se ha venido planteando desde hace más de 30 años cuando empezó a funcionar ese espacio: su función social. Así, a primera vista es loable, pero no es tan así, porque el porcentaje de niños de los barrios que han estado en las orquestas a través de los años es menor. Por otro lado, eso se puede hacer perfectamente bien con la música popular, no tiene que ser con la música académica. Porque además esa es una música universal que se hace en todas partes, Beethoven se toca aquí y en Alemania, por supuesto, y en todos lados. El problema es que primero se le está dando un aporte económico completamente desproporcionado, y después que sucede justamente como el caso de esta señora que nos encontramos hace un momento aquí, que me dijo que su nieta está en el Sistema Nacional de Orquestas, que tiene seis años ahí y que no sabe lo que es un cuatro. Eso no puede ser: primero debería aprender a tocar cuatro, lo vaya a tocar o no, no importa, pero que lo conozca, que oiga la música venezolana y que se identifique con su música que es nuestra. No te vas a sentir más identificado con una música que no es tuya. Una cosa no puede desplazar a la otra, pero por lo menos que se le dé el mismo espacio, el mismo apoyo a las dos; porque el problema es que los niños que están en las orquestas no conocen lo que es Venezuela, y se está diluyendo la cultura, nuestras raíces. Musicalmente, si tú vienes de la música popular con toda seguridad vas a tocar mucho mejor la música académica, vas a tocar con mucho más sabor, mientras que en la orquesta, salvo excepciones, se toca la música que ya está escrita”.

Por: Marco Teruggi y Katherine Castrillo 

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